PorAlejandro González Fraga y Sergio Vela Ortiz (Subdirección de Estudios e Informes, CNMC)*
* Las opiniones de este artículo pertenecen a los autores y no representan necesariamente la posición de la institución en la que trabajan
En los últimos años, la economía conductual se viene consolidando como una disciplina relevante para mejorar el diseño y la efectividad de las políticas públicas. Frente al supuesto tradicional de que ciudadanos y empresas toman decisiones plenamente racionales, la evidencia empírica muestra que estamos sujetos a limitaciones y sesgos cognitivos. Factores como la complejidad, la inercia, o las fricciones administrativas influyen de forma decisiva en nuestro comportamiento, haciendo que no siempre tomemos las mejores decisiones.
Con el objetivo de analizar estas aportaciones y su utilidad para la intervención pública, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) publicó recientemente el Estudio sobre la economía conductual para una regulación y supervisión eficientes. El estudio llega a una conclusión clara: incorporar consideraciones conductuales puede mejorar la eficacia de las políticas públicas, no necesariamente con mayores costes.

Recomendaciones para una regulación y supervisión más eficaces y eficientes
El estudio estructura sus recomendaciones en tres grandes grupos para hacer posible la incorporación efectiva del análisis conductual en la actuación pública. En primer lugar, el estudio subraya la importancia de crear un marco institucional, estableciendo unidades conductuales, fomentando la creación y ampliación de redes de expertos y fortaleciendo y formando al capital humano de la Administración en consideraciones conductuales. En segundo lugar, se propone la integración de forma sistemática de las consideraciones conductuales en el ciclo regulatorio y de formulación de políticas públicas, desde la fase de diseño hasta la evaluación ex post. Para ello se propone el desarrollo de instrumentos de orientación y apoyo para las AA.PP. y se destaca la necesidad de fomentar la experimentación y el uso de evidencia empírica, mediante proyectos piloto y bancos de pruebas (sandboxes), por ejemplo. Un último bloque de recomendaciones pone también el acento en la necesidad de incorporar estos conocimientos en el ámbito de la supervisión de mercados para prevenir abusos y reforzar la protección del consumidor.
De la recomendación a la acción
Como se acaba de señalar, una de las recomendaciones específicas señaladas del estudio es el desarrollo de instrumentos de orientación y apoyo para las administraciones públicas, tales como guías, directrices o herramientas de autodiagnóstico, que faciliten una primera aproximación a los problemas conductuales asociados a una política o regulación concreta.
La nueva Herramienta de análisis conductual de políticas públicas desarrollada por la CNMC aspira a ser un primer paso en esta dirección. Su objetivo es doble: en primer lugar, ofrecer a los responsables públicos un instrumento sencillo que les permita reflexionar, de forma estructurada, sobre cómo el comportamiento real de ciudadanos y empresas puede afectar a la efectividad de las políticas públicas (por ejemplo, el sesgo presente hace que las personas tiendan a subestimar los beneficios diferidos en el tiempo). En segundo lugar, y a partir de los riesgos identificados, proporcionar pautas de actuación concretas que pueden emplearse para diseñar intervenciones más eficaces (en el caso del sesgo presente, lo ideal sería hacer que los beneficios sean más inmediatos, pero también se puede hacer que sean más “visibles” a través de una estrategia de comunicación inteligente).
La herramienta se ha basado en la Behaviour Discovery Tool desarrollada por el Behavioural Economics Team del Gobierno de Australia (BETA), que es una de las unidades conductuales con más experiencia en la aplicación de las ciencias conductuales a la elaboración de políticas públicas a nivel mundial.

¿Cómo funciona la herramienta?
La herramienta sigue un procedimiento de autodiagnóstico y adopta la forma de un cuestionario guiado que conduce al usuario a través de una serie de preguntas clave, entre otras:
- ¿Qué comportamiento concreto se desea fomentar o modificar?
- ¿Quién es el público objetivo de la política?
- ¿Existen evidencias de que el comportamiento deseado no se está produciendo?
- ¿Qué barreras conductuales —como falta de información, complejidad, costes percibidos o creencias erróneas— pueden estar influyendo?
A partir de las respuestas, la herramienta genera un informe personalizado con recomendaciones prácticas inspiradas en la economía conductual. Estas recomendaciones no son prescriptivas, sino orientativas, y buscan ampliar el abanico de opciones disponibles para mejorar el diseño de la intervención pública.
Un nudge para los propios policymakers
La herramienta está diseñada como un nudge para los responsables públicos. Al igual que los nudges buscan facilitar decisiones mejores por parte de los ciudadanos sin imponer obligaciones, esta herramienta pretende rebajar la barrera de entrada al análisis conductual de políticas públicas para el personal de las administraciones.
No se requieren conocimientos previos especializados ni recursos técnicos avanzados. En pocos minutos, el usuario puede obtener una primera diagnosis conductual de su política, lo que facilita incorporar esta perspectiva desde fases tempranas del diseño regulatorio.
De este modo, la herramienta no sustituye análisis más profundos o evaluaciones complejas, pero sí cumple una función clave: hacer accesible y operativa la aproximación al análisis conductual para quienes toman decisiones públicas.
Mejor regulación, con menor coste
Incorporar consideraciones conductuales permite mejorar políticas existentes, simplificar procedimientos, reducir cargas administrativas y facilitar el cumplimiento normativo mediante pequeños ajustes en el diseño de la intervención.
Herramientas como esta contribuyen a avanzar hacia una regulación más eficiente, proporcionada y centrada en las personas, alineada con los principios de buena regulación y con el objetivo último de maximizar el bienestar social.
En este sentido, la Herramienta de análisis conductual de políticas públicas es un ejemplo concreto de cómo las aportaciones procedentes de las ciencias del comportamiento pueden traducirse en acciones prácticas que apoyen, de forma tangible, la mejora de las políticas públicas.




