Por David Boto-García (Universidad de Oviedo)

En diciembre de 2023, después de casi dos décadas de obras y una inversión de unos 4.000 millones de euros (La Razón, 2023), Asturias inauguró por fin su conexión de tren de alta velocidad con Madrid. Los trabajos habían comenzado en 2005 y se vieron frenados por problemas geológicos en los túneles y por la crisis económica de 2008. Tras la inauguración de la variante de Pajares, el trayecto entre Gijón y Madrid pasó de requerir unas cinco horas a durar aproximadamente tres horas y cuarenta minutos.

En una región como Asturias, envejecida, con poco dinamismo demográfico y un largo historial de aislamiento geográfico, esta reducción de los tiempos de viaje despertó grandes expectativas entre la prensa local y el sector hostelero, que confiaban en un fuerte impulso turístico para la región (El Comercio, 2023). Sin embargo, una mirada a la literatura internacional habría revelado que la evidencia disponible apunta a efectos nulos o incluso negativos en el caso español (Albalate y Fageda, 2016; Albalate et al., 2017; 2023; Boto-García et al., 2025). En este contexto, resultaba especialmente interesante evaluar los efectos de la nueva línea de alta velocidad.

En un artículo recientemente publicado, utilizamos datos de posicionamiento de telefonía móvil procedentes del Instituto Nacional de Estadística (INE), que permiten identificar cuántas personas pasan al menos una noche fuera de su municipio de residencia. Esta información nos permite conocer, mes a mes y para 168 municipios de Asturias y Cantabria, tanto el número de turistas que llegan a cada municipio como el de residentes que viajan a otros lugares. La elección de Cantabria como grupo de comparación responde a que es una región vecina, con una estructura económica y demográfica similar, pero que todavía no dispone de alta velocidad. Sus dinámicas turísticas pueden servir, por tanto, como una aproximación a lo que habría ocurrido en Asturias si la nueva línea no se hubiese inaugurado. El periodo de análisis abarca desde diciembre de 2021 hasta noviembre de 2024, lo que nos permite disponer de dos años completos anteriores a la apertura y de un año posterior.

Dentro de Asturias, sin embargo, no todos los municipios están igual de expuestos a la alta velocidad ferroviaria. Solo cinco cuentan con estación de alta velocidad: Oviedo, Gijón, Avilés, Mieres y Pola de Lena. Además de concentrar buena parte de la población y la actividad económica regionales, estos municipios ya disponían de conexiones ferroviarias de largo recorrido antes de la apertura de la nueva línea. Por eso, en el análisis distinguimos entre el efecto de la nueva infraestructura en estos municipios, en sus vecinos geográficos y en el resto del territorio. Aplicamos la misma distinción a los municipios de Cantabria, lo que nos permite utilizar una estrategia de diferencias triples para aislar mejor el efecto de la alta velocidad. La Figura 1 ilustra esta distinción.

 Figura 1. Municipios en Asturias y Cantabria según su exposición al AVE.

El primer resultado es que la alta velocidad no aumentó las llegadas de turistas, en línea con la evidencia previa. Ni el turismo procedente de otras regiones españolas ni el internacional experimentaron cambios significativos en Asturias tras la apertura, en comparación con la evolución observada en Cantabria. Esta conclusión se mantiene ante distintos ejercicios de robustez. El resultado sugiere que la alta velocidad puede canalizar una demanda turística ya existente, favoreciendo cambios en el medio de transporte elegido, pero no necesariamente generar nuevos viajes hacia la región.

El segundo resultado es que las salidas de residentes hacia otros puntos de España aumentaron en torno a un 10 % en los municipios asturianos con estación de alta velocidad tras la apertura. Es decir, estos municipios comenzaron a registrar una mayor salida de turistas residentes hacia otros territorios. Este efecto no se observa en los municipios vecinos ni en el resto de la región, lo que apunta a que no responde simplemente a cambios generales en las preferencias turísticas de la población asturiana. Además, el resultado se mantiene tras una amplia batería de pruebas de robustez. Considerados conjuntamente, ambos resultados apuntan a la existencia de un posible efecto sifón: la mejora de la conectividad ferroviaria no logra atraer nuevos visitantes a los destinos periféricos y, al mismo tiempo, facilita que sus residentes viajen a otros lugares.

Como en cualquier ejercicio de esta naturaleza, en el que se trata de establecer relaciones causales a partir de datos observacionales, conviene ser prudentes a la hora de interpretar los resultados. Disponemos de un solo año posterior a la apertura, por lo que únicamente podemos observar los efectos a corto plazo. Además, nuestros datos solo recogen a los turistas que pernoctan fuera de su municipio de residencia. La mejora de la conectividad podría haber estimulado también las excursiones de ida y vuelta en el día, que generan gasto turístico, pero que no podemos observar con los datos disponibles. Tampoco podemos identificar el motivo del viaje, ya sea por ocio o por trabajo. Sería interesante poder distinguir estos dos canales. Por tanto, el efecto sifón es una interpretación coherente con los resultados, pero no un mecanismo que podamos observar directamente.

Aun con estas limitaciones, el mensaje para la política pública es claro. Una infraestructura de esta envergadura no es buena ni mala en sí misma: sus efectos dependen de qué territorios se benefician de ella y de las políticas que la acompañan. La alta velocidad mejora la movilidad de los residentes y acerca la región a servicios y oportunidades, lo que tiene un valor evidente. Sin embargo, no debería presentarse como una herramienta suficiente para revitalizar el turismo en un territorio periférico, como se ha hecho en ocasiones. Si se quiere que el tren traiga visitantes en lugar de facilitar que los residentes viajen a otros destinos, hacen falta promoción turística, regeneración urbana y una buena conectividad dentro del propio destino. En este sentido, Asturias sigue adoleciendo de una oferta insuficiente de transporte público interno que facilite los desplazamientos de los turistas desde las principales ciudades hasta sus puntos de interés. En todo caso, y aun cuando los efectos económicos por nuevo turismo sean limitados o inexistentes, que los residentes tengan más opciones de viajar fuera también puede generar otro tipo de retornos en forma de felicidad o mejor bagaje cultural, que son difícilmente medibles pero que sin duda también deben ser considerados.

 

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