Desde el último trimestre de 2024, y de forma creciente durante 2025, la aportación de la demanda externa al crecimiento del PIB se hizo negativa, a diferencia de lo ocurrido en los trimestres inmediatamente anteriores, concretamente desde el tercer trimestre de 2021, siendo éste un rasgo que ha introducido una cierta preocupación acerca de la evolución de la competitividad de nuestros productos, en claro contraste con la fortaleza que por otra parte parece indicar la magnitud del superávit en la balanza de bienes y servicios, nada menos que de un 3,7 por 100 del PIB.

Esta contribución negativa de la demanda externa al avance del PIB durante 2025 no proviene de las exportaciones, que aumentaron en términos reales, muy ligeramente en el ámbito de los bienes y muy sensiblemente en el correspondiente a los servicios, sino de las importaciones, que, siempre según la cifras provisionales de la  CNE, se incrementaron en un 6 por 100, en el caso de los bienes, y un 7,5 por 100 en el de los servicios, cifras muy elevadas si se tiene en cuenta que la demanda final nacional creció un 3,7 por 100, algo más que en 2024, pero apreciablemente menos que en 2021 y en 2022.

Se esperaba un incremento de las importaciones reales cercano al de la demanda final, dado que la elasticidad renta a largo plazo de las importaciones ha tendido a reducirse desde el año 2000, cuando se situaba en torno a 1,8 (algo más para los bienes y menos para los servicios, ver Garcia et al., 2009, aquí ), aproximándose a 1 en los últimos cinco años. Es una transformación que se ha producido en un gran número de países, como consecuencia de la paralización del proceso de construcción de Cadenas Globales de Valor que impulsó la etapa reciente de hiperglobalización (1988-2008). El gráfico adjunto muestra esta dinámica evolutiva. En él, las dos variables incluidas se miden en ejes diferentes, con el fin de comparar mejor sus evoluciones.

 

La pregunta relevante pues es si ha cambiado algo en nuestro modelo de crecimiento para que las importaciones hayan respondido con más fuerza de la esperada a la demanda final.

Una primera respuesta podría encontrarse en el cambio en la composición de la demanda nacional en favor de la formación bruta de capital, aunque este cambio ya se inició en 2024 sin afectar a las importaciones. Pero la diferencia estriba en el componente que mostró un mayor dinamismo en 2025, el de maquinaria, bienes de equipo y sistemas de armamento, con una tasa de avance del 9 por 100, frente a sólo el 1,9 en 2024. De hecho, las importaciones han crecido sobre todo en el segmento de los bienes de equipo, que explica un 47 por 100 de su aumento total, según la información que ofrece la Secretaría de Estado de Comercio (SEC) en su base de datos Datacomex, destacando dentro de éste las máquinas para automatización de datos, los aparatos eléctricos, las aeronaves y los sistemas de máquinas para determinadas industrias. También han aumentado de forma significativa las importaciones de otros productos como los medicamentos, automóviles, textiles y cárnicos. Pero el cambio de 2024 a 2025 se encuentra principalmente en bienes de equipo y automóviles.

La evidencia empírica muestra que las alteraciones de la demanda nacional en favor de la inversión, y más aún de los apartados de maquinaria, suelen acrecentar la sensibilidad del conjunto de las importaciones a los incrementos de la demanda final.

Pero también deben haber influido de forma apreciable las evoluciones de los precios relativos y los tipos de cambio, pues no deja de sorprender que las importaciones de bienes en términos reales hayan crecido un 1,1 por 100 más que en valor corriente, rasgo indicativo de una reducción en sus precios unitarios por esa misma cuantía. En efecto, los indicadores elaborados por el Banco de España revelan una pérdida de competitividad de las producciones españolas en 2025 de un 1,5 por 100 con respecto a los países industrializados, debida en gran parte a la depreciación del dólar con respecto al euro, y todavía mayor, del 6 por 100, frente a los nuevos países asiáticos industrializados, principalmente China y Japón. Con los valores de las elasticidades precio de la demanda de importaciones que se obtienen en el trabajo anteriomente citado de García et al., de en torno al 0.6,  estos cambios podrían explicar al menos un punto del aumento del volumen de importaciones.

Esa pérdida de competitividad se puede rastrear en el listado de países que más aportan al aumento de las importaciones, según el Informe del Comercio Exterior de la SEC de diciembre de 2025: China (automóviles y textil y confección), Alemania (aparatos eléctricos, automóviles y medicamentos), Italia (medicamentos y maquinaria de uso general) y Estados Unidos (medicamentos y otros alimentos)

Las importaciones procedentes de China, que incorporan un importante componente deflacionista, fruto de los excesos de capacidad de las empresas de ese país, son las que más han crecido, aunque con ello únicamente parecen haber retomado el valor que anotaron tras su primer brusco ascenso en 2021 (ver aquí). No obstante, el déficit comercial con China alcanza ya un valor equivalente al 3,5 del PIB, cuando era tan sólo del 2,2 en 2019 (ver aquí)

En definitiva, el notable ascenso de las importaciones registrado en 2025 parece haberse debido, de una parte, a la expansión de la inversión en maquinaria y bienes de equipo, una demanda para la que España sigue poseyendo una capacidad de oferta limitada, a pesar del buen desarrollo que han experimentado las empresas productoras establecidas en nuestro país; y de otra a la creciente competencia en precio de algunas economías, como la norteamericana y la china, la primera por la depreciación del dólar que ha acompañado el primer año de mandato de Donald Trump y la segunda por los excesos de capacidad productiva que padecen sus empresas.

De cara a los dos próximos ejercicios, puede preverse una vuelta a las pautas que ha guiado el crecimiento de la economía española con anterioridad a 2025, y así lo reflejan las últimas previsiones del Banco de España elaboradas en diciembre de 2025, que preven una desaceleración de la demanda final, y una gradual contención de las pérdidas de competitividad, pero todo se ha vuelto más impredecible con la nueva, inesperada y sorprendente guerra en Irán. Solo puede asegurarse que tendrá lugar una reducción del superávit del comercio de bienes y servicios, por el encarecimiento que ya se ha producido de los combustibles.

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