El año 2025 comenzó con perspectivas sombrías para el comercio internacional, enfrentado a la amenaza de los aranceles anunciados por Donald Trump. Peores aún eran las expectativas con respecto a la Inversión Exterior Directa (IED), más sensible a la incertidumbre derivada de esa misma amenaza y de las rupturas del viejo orden multilateral que se sucedieron en años anteriores, las guerras en Ucrania y en Gaza entre las más inmediatas.

Sin embargo, las cuantiosas inversiones en IA impulsaron la demanda en inputs críticos y bienes intermedios necesarios para los equipos de computación y los centros de datos (ver aquí), favoreciendo que el comercio de bienes aumentara en 2025 en un 7 por 100 en términos nominales y en un 4,6 por 100 en términos reales, así como que los flujos de IED se elevaran en un 14 por 100.

El incremento del comercio de bienes se debió, de una parte, al adelanto al primer trimestre del año de las exportaciones a EE.UU. por parte del resto del mundo, con el fin de eludir el impacto de los aranceles anunciados, y de otra, al aumento de las importaciones mundiales de equipos y componentes para IA, que sostuvieron el alto ritmo que habían alcanzado ya en 2024 (Gráfico 1), sobre todo como consecuencia de las demandas procedentes de EE.UU. y de China. Estos intercambios crecieron en un 50 por 100 durante 2025, añadiendo al menos 0,75 puntos porcentuales a la tasa de avance de las importaciones mundiales de bienes, y alcanzando un valor equivalente al 2 por 100 de ellas (frente al 1 por 100 en 2018).

La recuperación de la IED, en cambio, tuvo lugar en la segunda mitad del año 2025, sorprendiendo a los analistas. De hecho, la UNCTAD señalaba en su Global Investment Trends Monitor (GITM) de octubre que la IED dirigida a las economías desarrolladas había disminuido en la primera mitad de 2025 en un 7 por 100, al tiempo que había aumentado la destinada a Asia y Latinoamérica. Entre los países desarrollados, sólo la inversión recibida por EE.UU. mostraba una evolución positiva, auspiciada por grandes proyectos en centros de datos y en energías renovables, entre los que destacaban los 100 mil millones de dólares que la empresa taiwanesa TSMC planeaba invertir en la producción de semiconductores en Arizona, y también los 20 mil millones de dólares que Iberdrola decidió invertir en energías renovables y redes eléctricas en diversos estados estadounidenses.

Sin embargo, en el último GITM, de enero de 2026 (ver aquí ),  la UNCTAD estima un aumento de los flujos de IED del 14 por 100 en 2025 con respecto al año anterior, al mismo tiempo que lamenta el relativamente bajo número de nuevos proyectos anunciados en 2026, como consecuencia de la elevada incertidumbre instalada en la economía mundial, que sigue ensombreciendo las previsiones para este año y el siguiente. Además, advierte de que el notable aumento de los flujos anteriormente señalado se encuentra bastante inflado con cuantiosos fondos financieros dirigidos a los conocidos hubs de inversión situados en Reino Unido, Luxemburgo, Suiza e Irlanda. Cuando se descuenta la aportación de estos fondos, el aumento real de la IED se reduce a un 5 por 100, un porcentaje nada despreciable, no obstante.

De la información de los proyectos de inversión anunciados, se deduce que buena parte del aumento de los flujos reales de inversión se habría destinado a centros de datos y semiconductores, mientras que habrían tendido a perder peso aquellos otros dirigidos a industrias extractivas, minerales críticos y energías renovables, algo sin duda sorprendente. Sólo los proyectos de infraestructuras en el área de telecomunicaciones muestran también un apreciable crecimiento.

EE.UU. es el principal beneficiario de los proyectos relacionados con la IA, sobre todo en el apartado de semiconductores, mientras que Francia lo es en el de centros de datos, en el que también sobresalen Brasil y los siguientes países europeos y asiáticos, ordenados según el valor de los proyectos anunciados: Corea del Sur, España, Tailandia, India, Italia, Malasia y Noruega. Además, se ha detectado una intensa actividad de fusiones y adquisiciones en estos mismos sectores digitales y de IA, tanto en EE.UU., como en los países asiáticos.

Como buena parte de los proyectos anunciados dista aún de haberse ejecutado en su totalidad, se abre una expectativa favorable para el año en curso, 2026, que sin embargo no avalan los datos disponibles referidos a los meses ya transcurridos, tanto en el comercio internacional como en la IED, y que tiende a diluirse por completo conforme se prologa la duración de la guerra en Irán.

¿Cómo se comportó España en este marco? Ya se ha señalado en otra entrada a este blog que las importaciones de bienes crecieron de forma sorprendente en 2025 (ver aquí)  y que en ello desempeñaron un cierto papel las compras de equipos relacionados con la IA y las energías renovables.

En el ámbito de la IED recibida, las perspectivas en octubre de 2025 con respecto al año en curso eran también muy pesimistas, pues las entradas en el primer semestre habían sido muy exiguas, la mitad de las recibidas en 2024 en el mismo período, según los datos del Registro de Inversiones Exteriores (RIE). Sin embargo, lo ocurrido finalmente, con datos aún provisionales, ha sido sensiblemente mejor de lo esperado (Gráfico 2).

Con los datos del RIE, la IED recibida, medida en términos brutos, apenas se habría reducido en 2025 con respecto al año anterior, manteniéndose muy cerca de los 30 mil millones de euros, un valor apreciable, igual a su promedio de los cinco últimos años. La IED neta, que recoge inversiones brutas menos desinversiones, se habría mostrado también muy estable en los últimos cinco años, situándose en torno a los 20 mil millones de euros.

En cambio, con los datos del Banco de España, que recogen transacciones netas, siguiendo el principio direccional, y se incorporan a los registros que ofrece la UNCTAD, la IED recibida habría continuado una tendencia descendente iniciada en 2022, situándose cerca de los 20 mil millones en el último año contemplado. Pero, aparte de diferencias de cobertura y metodológicas con los del RIE, los datos del BdE añaden a las participaciones accionariales la reinversión de beneficios y los cambios en el valor de la deuda entre las empresas del mismo grupo, por lo que son muy sensibles a la evolución de la liquidez internacional y de los tipos de interés, así como a las estrategias financieras de los grupos multinacionales. Por esta razón, se suele considerar que los datos del RIE, que emanan de un registro muy sólido del que no todos los países disponen, reflejan las dinámicas inversoras reales de manera más fiel, resultando por ello de un mayor interés para nuestro análisis.

Pues bien, la IED recibida por España en 2025 ha sobresalido también en los sectores ligados a la IA, pudiendo destacarse los 2.500 millones destinados a centros de datos lovcalizados en Aragón por empresas norteamericanas, Amazon y Microsoft principalmente. EE.UU., uno de los principales inversores en nuestro territorio, respondió en 2025 de casi un 30 por 100 del volumen total de las entradas de capital recibidas por España. Con todo, aún siendo voluminosos los fondos dirigidos a las actividades de IA, lo han sido más los destinados a las energías renovables, mientras que se han reducido los recibidos por los sectores de servicios financieros e inmobiliarios.

Sin embargo, los diversos planes de inversión chinos en baterías y automóviles eléctricos, que reciben una continua atención de los medios de comunicación, apenas se han materializado aún en inversiones. Por otra parte, los primeros meses del año han revelado que los últimos planes de Amazon elevan de manera muy sensible las cuantía de sus inversiones en centros de datos en Aragón. Todo ello permitiría esperar un aumento de las inversiones extranjeras recibidas por España en 2026, pero, como es sabido, y ya se ha señalado anteriormente, la incertidumbre domina hoy los negocios internacionales.

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