Hace sólo unos días, el lunes 1 de agosto, recibimos la triste noticia del fallecimiento de Emilio Ontiveros, un economista muy cercano a los integrantes de ALdE, quienes de forma reiterada le hemos profesado admiración, respeto y cariño, considerándole, no sólo un gran conocedor de las tendencias y vicisitudes de la economía internacional, sino también una excelente persona,  entrañable, cariñosa, llena de sentido del humor y siempre dispuesta a colaborar. Por eso hemos podido contar  con su participación cada año, desde hace ya muchos, en las Jornadas de Economía Española que celebramos en la Universidad de Alicante.

Emilio Ontiveros ha sido uno de los grandes economistas españoles, en la versión de “ingeniero”, que según N. Gregory Mankiw (aquí) caracterizara a los primeros macroeconomistas, entre los que yo incluiría también a los menos ortodoxos, como John Kennet Galbraith. Como ellos, Ontiveros pareció siempre decidido a hacer realidad el ideal enunciado en 1931 por uno de sus grandes inspiradores,  John Maynard Keynes: “sería espléndido que los economistas lograran ser considerados personas tan humildes y competentes como los dentistas”. Lo hizo desplegando tres facetas, la de investigador y analista, la de profesor y comunicador y la de empresario innovador. Humildad y competencia no le faltaron en ninguna de ellas y esa es quizá la razón de que haya sido una persona tan querida, y de que su muerte haya sido sentida de una manera muy general y en muy diferentes ámbitos, provocando un aluvión de artículos muy interesantes sobre él. A continuación, repasaré brevemente cada una de las tres facetas que he mencionado.

Bien equipado con conocimientos de economía de la empresa y de mercados financieros y cambiarios, y arropado con una primera experiencia laboral en una gran compañía, que habría de impedir que se alejase de los asuntos económicos más relevantes, el profesor Ontiveros no dejó de analizar y avanzar soluciones ante cada circunstancia de la economía mundial y de la economía española durante los últimos cuarenta y cuatro años, prácticamente desde que presentara su tesis doctoral en 1978 sobre el mercado de eurobonos, que nos descubrió una amplia, rica y especializada investigación sobre el curso del sistema monetario internacional. Fue un fiel y adelantado lector de cada ensayo relevante acerca de la situación de la economía mundial y de su evolución, por lo que era muy difícil sorprenderle con algún nuevo título que no estuviera ya en sus manos, y fue así mismo un asiduo seguidor de las noticias provenientes de EE.UU., como alguien muy consciente de la gran relevancia de ese país en la escena internacional. Había que verle  con la radio de onda corta hasta la llegada de la televisión por satélite.

La década de 1980 fue crucial en la configuración de su carrera posterior. Profundizó en sus conocimientos sobre mercados financieros, trabajando intensamente junto a dos estupendos colegas universitarios,  Ángel Berges y Francisco José Valero, con los que en 1987 crearía la empresa Analistas Financieros Internacionales (AFI), de la que luego hablaré, e inició su colaboración con el periódico El País, no sólo a través de múltiples artículos sobre una amplia variedad de temas del momento, que el lector puede rastrear en los archivos de este periódico (aquí), sino también con una continua intervención en la redacción de editoriales, dado que se incorporó al consejo editorial del citado medio de difusión.

Uno de los frutos del intenso trabajo realizado en finanzas fueron dos importantes manuales publicados ya a comienzos del decenio de 1990, Mercados Financieros Internacionales, en el que junto a sus dos colaboradores ya citados anteriormente participaría Daniel Manzano, y la Introducción al Sistema Financiero Español, que tendría posteriormente varias actualizaciones. En 1997, publicaría un bonito libro con el expresivo título de Sin orden ni concierto, que ponía de relieve las vicisitudes y dificultades del orden monetario internacional creado tras la Segunda Guerra Mundial en 1945. Con este libro, Emilio Ontiveros seguía la estela de los principales analistas de la economía internacional en España, Luis Ángel Rojo, Manuel Varela y Joan Sardá, principalmente.

Desde el comienzo del siglo actual, Emilio Ontiveros se sentiría atraído por el gran tema del momento, Internet, al que dedicaría su nuevo libro, La economía en la red, nueva economía, nuevas finanzas. Tal atracción se mantendría siempre viva en su mente, aunque transmutada en preocupación por las exigencias del cambio digital en las economías. La construcción de la Europa del Euro, sobre todo de sus aspectos monetarios y financieros, también se convirtió en una de sus preocupaciones, y pasaría a ocupar un lugar primordial entre ellas con la Crisis Financiera iniciada en 2008, de cuya gravedad potencial advirtió muy pronto al gobierno del momento. Durante este dramático episodio, se manifestó como un gran crítico de las políticas de austeridad aplicadas por la Comisión Europea, como puede comprobarse en muchos de sus artículos y en especial en el excelente ensayo titulado “La crisis de la eurozona”, un capítulo del libro Economía Europea, crecimiento, competitividad y mercados, editado en 2016 por MaríaTeresa Campi, Antoni Garrido, Martí Parellada y Esteve Sanromá, publicado por Alianza Editorial.

En 2011, vió la luz un librito escrito en inglés junto a Mauro Guillén, Global Turning Point, del que sólo se tradujo al castellano la primera versión, bajo el título de Una nueva época, los grandes retos del siglo XXI. Es un libro que yo siempre he aconsejado a mis alumnos, que lo han valorado muy bien, porque mostraba de forma clara y pedagógica  los desafíos a que habría de enfrentarse la economía mundial antes de que aparecieran los que hoy más nos inquietan, la pandemia y la guerra. EL creciente poder de China era una de sus inquietudes.

Más tarde, en 2019, alarmado por el desorden introducido por Donald Trump en la escena internacional,  y ya en la antesala de la pandemia, publicó un nuevo libro,  muy bien acogido por los analistas y el público en general, y del que se sentía muy satisfecho. Se titula Excesos, amenazas a la prosperidad global y repasa los desequilibrios estructurales importantes que amenazan  el crecimiento mundial, la desigualdad, el cambio climático, el proteccionismo y la guerra comercial, la destrucción del orden multilateral y el excesivo peso de las finanzas en las economías.

Pero quien no haya conocido personalmente a Emilio Ontiveros debe saber que toda la faceta analítica descrita no dibuja más que una parte modesta de su personalidad y de sus logros, pues  su figura alcanza una gran amplitud en su faceta de profesor y comunicador, y no tanto como catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid, institución en la que dejó una honda huella en muchas generaciones de alumnos que hoy trabajan en diferentes empresas y organismos en España y fuera de ella. Su faceta pedagógica se extendió también a múltiples comparecencias en los medios de comunicación audiovisuales, en forma de entrevistas y debates,  y a un enorme número de conferencias y charlas dadas a lo largo de la geografía española. Si el lector quiere hacerse una idea de la extensión de esta tarea solo ha de entrar en el canal You Tube y teclear el nombre de Emilio Ontiveros (aquí). Trató de atender cada petición, por particular que fuese, desplegando una incesante actividad viajera por todo el territorio nacional, convencido de que la población española necesitaba pedagogía económica, cuyo ejercicio, por otra parte, exigía ideas y conocimientos claros, un lenguaje sencillo y el uso de metáforas y narrativas históricas cercanas, con el fin de llegar a la raíz de los problemas y avistar posibles soluciones. Esta es quizá la primera razón por la que los periodistas lo acogieron pronto como uno de los suyos y como un maestro al que acudir. Él reclamaba también pedagogía para los gobiernos,  que con frecuencia consideran a la población incapaz de entender sus decisiones.

En los dos últimos años, de pandemia, su actividad en las redes se multiplicó. Se mostraba muy contento de poder explicar a todos los efectos de la pandemia, y sobre todo, de valorar las medidas adoptadas por el gobierno, y de proponer soluciones adicionales.

Esta misma preocupación por la divulgación económica, le condujo también a aceptar en 1983 la dirección de la revista Economistas, que edita el Colegio de Economistas de Madrid. Estuvo al frente de ella casi treinta años, acompañado por un amplio y variado consejo de redacción que consiguió incentivar el debate económico y supo ofrecer en sus páginas impresas un permanente seguimiento de la economía española, a través de un informe de cada ejercicio recién cerrado, que reunía las mejores firmas para el análisis de cada uno de los asuntos abordados y se presentaba públicamente en los primeros meses de cada año.

La última faceta de Emilio Ontiveros es la de empresario innovador  con la empresa  Analistas Financieros Internacionales, de la que, como ya he señalado, fue fundador junto a Ángel Berges y Francisco José Valero, y de la que era presidente en el momento de su fallecimiento.

Esta empresa inició sus actividades apoyada por las cajas de ahorro, que demandaron diferentes servicios (análisis semanales, orientaciones para sus inversiones en diferentes monedas). Pronto, sin embargo, los fundadores pusieron en marcha, incorporando buenos y reconocidos matemáticos, una novedosa sección de Finanzas Cuantitativas, en la que la digitalización era una herramienta clave, y ampliaron la parte formativa, mediante la creación de la Escuela de Finanzas, que hoy posee una gran dimensión y especialización. Más adelante, la empresa avanzó ofreciendo a las firmas financieras diferentes tecnologías propias para el análisis de los datos y riesgos financieros. Hoy la compañía mantiene un buen ritmo de crecimiento, posee 220 empleados altamente cualificados y prepara la celebración del 35 aniversario, que sin duda se verá empañada por la ausencia de Emilio Ontiveros.

Para concluir, diré que no se me escapa lo difícil que es hacer justicia a la ingente labor creativa y analítica desplegada por Emilio Ontiveros junto a una amplia y diversificada red de colaboradores. Por ello, considero que la dimensión de su figura difícilmente puede ser exagerada. En diferentes obituarios, se le ha calificado de economista completo y de economista total, y creo que son calificativos que le cuadran muy bien. Para muchos, especialmente para los economistas, las administraciones públicas, los medios de comunicación, las entidades financieras, los trabajadores de su empresa, y sus familiares y amigos más cercanos, entre los que me encuentro, su marcha ha dejado un enorme vacío. Descanse en paz.

6 Comentarios

  1. Bonita y merecida semblanza. ¡Que suerte que en Alde hayamos podido disfrutar con tanta frecuencia de las opiniones y compañía de Emilio! Le vamos a echar mucho de menos.

  2. Es uno de los mejores artículos que he leído sobre Emilio y su obra. Repasar sus libros haciendo un breve comentario de cada uno no es sólo algo que no se ha hecho, sino que muestra la coherencia del enfoque seguido por Emilio, creo yo. Conservo su excelente manual de financiación internacional de quinto de Estructura económica y recuerdo aquellas clases con una mezcla de sorpresa general total por la enorme calidad y cercanía de ese profesor (en unas aulas masificadas como las españolas de entones) y tensión tremenda cuando nos preguntaba por cualquier aspecto de la actualidad financiera internacional. Y es que cada pregunta (y respuesta) era un punto que le servía a Emilio para expandir lo que pretendía desarrollar. Sigo sin asimilar que se haya ido y tan pronto. Gracias de nuevo por este artículo, Rafael

    • Gracias a ti, Alfonso. Lo que cuentas acerca de sus clases coincide con la experiencia que él narraba. Disfrutaba mucho con ellas y se sentía muy cercano a sus alumnos, valorando mucho la interacción con ellos.

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