Por Manuel Serrano‑Alarcón (Joint Research Centre, European Commission), José Ignacio García‑Pérez (Universidad Pablo Olavide) y Judit Vall‑Castelló (Universitat de Barcelona).

La mayoría de la investigación sobre los efectos de las prestaciones por desempleo se centra únicamente en sus consecuencias en el mercado de trabajo y el nivel de renta del receptor. Sin embargo, estas ayudas  pueden tener también efectos en otras dimensiones del bienestar, como la salud.

Mientras que los efectos negativos del desempleo en la salud, especialmente en la salud mental, son bastante claros (Browning y Heinesen, 2012; Cygan‐Rehm et al., 2017), no es tan evidente cómo los subsidios por desempleo pueden mediar en esta relación. Por un lado, dado que el deterioro en la salud mental asociado con el desempleo viene en parte explicado por la caída en ingresos, un subsidio podría aliviar esos efectos negativos evitando situaciones de exclusión social. Por otro lado, los subsidios por desempleo pueden desincentivar la búsqueda de trabajo y potencialmente perpetuar la situación de desempleo. En este caso, los subsidios por desempleo podrían reforzar los efectos negativos del desempleo sobre la salud.

En un artículo recientemente publicado en el Journal of Population Economics estudiamos los efectos en la salud de la reforma en el subsidio para desempleados de larga duración de mediana edad de España llevada a cabo en julio de 2012 en España. Esta reforma aumentó la edad mínima requerida para acceder a dicho programa de 52 a 55 años.

Este subsidio, de 430 euros mensuales, está especialmente diseñado para trabajadores que se acercan a la edad de jubilación y que enfrentan importantes dificultades para reintegrarse en el mercado de trabajo. Los receptores del subsidio han estado desempleados durante un largo periodo de tiempo y por lo general, tienen un bajo nivel socioeconómico. Por lo tanto, en términos de políticas públicas de salud, este es un segmento muy relevante de la población, ya que su situación laboral y social les hace más proclives a tener un estado de salud potencialmente peor. Los efectos sobre el mercado laboral del mismo subsidio han sido también estudiados por  Domènech-Arumí and Vannutelli (2023), mostrando que la reforma de 2012 que restringió su acceso aumentó la probabilidad de encontrar trabajo, y al mismo tiempo la probabilidad de abandonar el mercado de trabajo y cobrar otros subsidios. Nuestra intención es ir un paso más y estudiar si esta reforma tuvo efectos sobre la salud.

La reforma hizo que cohortes similares de individuos quedaran como elegibles o no para acceder al subsidio en función de su fecha de nacimiento. Aprovechando esto, en nuestro análisis econométrico  usamos un modelo de triple diferencias, donde nuestro grupo de “tratamiento” son los nacidos en el primer semestre de 1960 (cumplieron 52 años justo antes de la reforma y pudieron acceder al subsidio); y nuestro grupo de control son los nacidos en el segundo semestre de 1960 (cumplieron 52 años justo después de la reforma y no pudieron acceder al subsidio hasta cumplir 55). Además, añadimos las cohortes más cercanas (nacidos en el año 1961 y 1962) para controlar por diferencias no observadas. Si la reforma tuvo algún efecto, esperaríamos observar cambios diferenciales en los indicadores del mercado de trabajo y salud para aquellos nacidos en el primer semestre comparado con los nacidos en el segundo semestre, solo en la cohorte afectada por la reforma (1960), y no en la cohorte de 1961-62.

Como fuentes de información usamos la Muestra Continua de Vidas Laborales, la Encuesta de Morbilidad Hospitalaria del Instituto Nacional de Estadística, y la Base de Datos Clínicos de Atención Primaria.

Los resultados sobre el mercado de trabajo nos indican que la reforma efectivamente afectó a la probabilidad de recibir el subsidio (Figura 1).  Las estimaciones del modelo de triple diferencias muestran que la cohorte de hombres elegibles aumentó la probabilidad de recibir el subsidio en casi 4 puntos porcentuales, siendo este aumento menor para las mujeres (2,5 puntos porcentuales). Además, este efecto se mantuvo a lo largo del tiempo. Al mismo tiempo, la probabilidad de estar fuera del mercado de trabajo disminuyó significativamente para la cohorte elegible. Por lo tanto, la principal alternativa al subsidio era estar fuera del mercado de trabajo, aunque nuestros resultados muestran que los hombres que perdieron el acceso aumentaron su probabilidad de encontrar trabajo a los 2 o 3 años de la reforma, algo que no ocurre entre las mujeres. Por último, nuestros resultados también muestran un pequeño efecto substitución hacia prestaciones económicas por incapacidad.

Figura 1. Resultados del modelo de triple diferencias sobre los el mercado de trabajo

Fuente: Figure 1 Garcia-Perez et al 2024

Pasando a los efectos en salud, nos centramos en los diagnósticos que, de acuerdo con la literatura, pueden ser más afectados por el subsidio de desempleo y la situación laboral: la salud mental y las lesiones. En los hombres, aquellos elegibles para el subsidio redujeron las hospitalizaciones por lesiones alrededor del 13%. Además, como muestra la Figura 2, ese efecto viene impulsado por las provincias con mayor tasa de desempleo entre los hombres de mediana edad, es decir, provincias que estuvieron más expuestas a la reforma. En mujeres, sin embargo, no encontramos ningún efecto para este tipo de hospitalizaciones.

En general, en el caso de hospitalizaciones relacionadas con problemas de salud mental los resultados, los resultados no son estadísticamente significativos para ninguno de los sexos, aunque si detectamos una reducción para los hombres elegibles para el subsidio en las provincias con mayor tasa de desempleo.  Aun así, las hospitalizaciones son un indicador muy extremo de salud mental. Es por ello que utilizamos datos sobre diagnósticos de problemas psicológicos en Atención Primaria, un evento con mayor incidencia. En este caso, observamos una reducción en la probabilidad de ser diagnosticado con algún problema psicológico de alrededor de 2 puntos porcentuales para los que pudieron acceder al subsidio, mientras que no se observa ningún efecto en las mujeres.

Figura 2– Resultados del modelo de triple diferencias sobre la tasa de hospitalizaciones por terciles de desempleo de la provincia 

Fuente: Figure A3 Garcia-Perez et al 2024

Nuestros resultados muestran que el acceso al subsidio de mayores de 52 puede tener no solo efectos sobre el mercado de trabajo, sino también sobre la salud de los trabajadores. En concreto, el acceso al subsidio disminuye las hospitalizaciones de hombres debido a lesiones. Siguiendo los datos retrospectivos de su vida laboral, observamos que los hombres receptores del subsidio realizaban trabajos físicamente más exigentes y, en general, con menor salud ocupacional y mayor riesgo de accidentes, como el sector de la construcción. Por lo tanto, a priori, su principal alternativa de ingresos al subsidio se encuentra en este tipo de trabajos, ya sean en el sector formal o informal.

El subsidio también parece tener un efecto protector en la salud mental de los hombres, medida como la probabilidad de diagnóstico de problemas psicológicos. De nuevo, no encontramos ningún efecto en las mujeres. Las diferencias entre géneros pueden deberse a que la reforma tuvo un impacto menor sobre el acceso al subsidio de las mujeres.

Esta investigación tiene una limitación importante que es preciso señalar. Nuestras estimaciones de los efectos en salud están basadas en un análisis “intention-to-treat” ya que no podemos observar la situación laboral de los individuos en los datos de salud. Aun así, nuestros resultados son relevantes desde una perspectiva de políticas públicas de salud porque el modelo econométrico analiza los efectos netos en salud de la reforma. Esto nos permite hacer una estimación de hospitalizaciones adicionales por lesiones debido a la reforma: 378 al año con un coste anual de 1.860.000 euros.

En definitiva, nuestros resultados son un ejemplo de cómo las políticas laborales pueden tener importantes efectos sobre la salud, a pesar de no ser inicialmente diseñadas con ese objetivo. Por lo tanto, tales efectos deberían ser tenidos en cuenta a la hora de elaborar las correspondientes políticas públicas.

 

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