Por Rosario Gandoy, Carmen Díaz y David Córcoles (Universidad de Castilla-La Mancha). La siguiente entrada resume las principales conclusiones del trabajo publicado, con el mismo título, en ICE-Revista de Economía, nº 93 (marzo-abril 2020): http://www.revistasice.com/index.php/ICE/issue/view/756

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La creciente importancia de los servicios en los intercambios internacionales es uno de los rasgos que caracterizan el comercio mundial en las últimas décadas. Aunque  su participación en las exportaciones mundiales apenas supera el 20%, su contribución al valor añadido exportado alcanzó el 54% en 2016 (Trade in Value Added). Estos datos reflejan el alto grado de dependencia que presentan las producciones manufactureras de las actividades de servicios, lo que ha venido a denominarse servitización de las manufacturas. Un fenómeno que está intrínsecamente ligado a la expansión de las cadenas globales de valor, que requieren de servicios de alta calidad (transporte, comunicaciones, coordinación, logística, control de calidad…) que garanticen su adecuado funcionamiento. Pero que también está relacionado con que, en el contexto de intensa competencia en costes proveniente de economías con bajos niveles de renta y salarios que determina la globalización, los servicios se configuran como un elemento crucial para que las empresas manufactureras de economías desarrolladas puedan diferenciar sus producciones, incrementar la fidelidad de sus clientes, ampliar sus líneas de negocio y fuentes de ingresos con complejas soluciones de bienes y servicios adaptadas al cliente; en suma, para poder mantener su posición competitiva.

Sin embargo, aun siendo elevado, el porcentaje de servicios incorporado en las manufacturas no refleja la verdadera entidad de la servitización en tanto que deja de lado los servicios que se desarrollan en el seno de la propia empresa manufacturera (services in house). A menudo, esta servitización implica un cambio en el modelo de negocio que convierte a los servicios en un output de las empresas manufactureras, de modo que estas, cada vez más, producen y exportan servicios que complementan la venta de bienes industriales, con los objetivos citados en el párrafo anterior.

Si bien ya se dispone de una limitada evidencia empírica para algunas economías europeas, el conocimiento de su entidad para la economía española es apenas inexistente y aún más lo es la relación entre servitización y comportamiento exportador. En tanto que la apuesta por la integración en la producción de bienes y servicios por parte de las empresas manufactureras afecta a su modelo de negocio y a las relaciones con sus clientes y, en último lugar, se espera que les permita mejorar su competitividad, cabría esperar una relación positiva entre actividad exportadora y servitización.

El análisis de la estrategia de servitización con datos de la Encuesta sobre Estrategias Empresariales para el periodo 1994-2014 destaca su alta implantación entre las manufacturas españolas. Casi la mitad de las mismas disponen de ingresos por ventas de servicios y dichas ventas constituyen una cuarta parte de las ventas agregadas del sector, si bien, el grueso de las empresas presenta un nivel bajo de servitización, inferior al 10% de sus ventas. Aunque se aplica con mayor profusión entre las empresas grandes, se trata de una estrategia en la que participan activamente las pymes.

En cuanto a su evolución, en contra de lo esperado, la extensión e intensidad de la servitización ha seguido una tendencia descendente desde mediados de los años noventa, observándose un repunte en ambos ámbitos en la segunda década del siglo, con la recuperación de la actividad industrial. Esta llamativa trayectoria, sin embargo, no es exclusiva de las empresas industriales españolas. Algunos autores sugieren que este freno e incluso retroceso en la servitización es la consecuencia de excesos en la reorientación de la actividad industrial hacia los servicios. El cambio en el modelo de negocio que implica la servitización, además de costes, conlleva riesgos que tienen que ver con la capacidad de la empresa para proveer servicios (en ocasiones con un alto grado de complejidad) que se apartan de lo que tradicionalmente ha venido constituyendo el núcleo de su actividad y que acaban reflejándose en los resultados empresariales. De ahí que algunas de las empresas pioneras en la servitización, como Xerox, hayan reorganizado recientemente su actividad desprendiéndose de la provisión de servicios empresariales. Ello no implica necesariamente el rechazo a la oferta de servicios complementarios a sus producciones puesto que, en ocasiones, significará la puesta en marcha de estrategias de outsourcing de servicios, en las que las empresas manufactureras acuden a empresas independientes que les proporcionen los servicios complementarios (v.g., financieros, mantenimiento…). Esta interpretación se ve respaldada por la notable caída en el porcentaje de empresas españolas servitizadas que se produce en el grupo de empresas grandes, las más proclives al outsourcing.

Cuando se atiende a la dimensión sectorial, se observa que la servitización se presenta de forma generalizada entre los sectores manufactureros y, aunque tiene una mayor incidencia en las industrias de bienes de equipo, química y alimentación, su evolución ha sido más dinámica en ramas tradicionales sometidas a una fuerte competencia externa (textil y confección, calzado, papel o plásticos).

Además de una notable heterogeneidad intersectorial, existe una elevada heterogeneidad entre empresas. Si bien el examen de las características de las empresas que la desarrollan constata que las empresas que servitizan son más grandes, más productivas, más innovadoras y emplean mano de obra más cualificada.

Adicionalmente, el análisis empírico de la relación entre servitización y comportamiento exportador confirma que son más proclives a la internacionalización de su actividad, con una mayor probabilidad de ser exportadoras si bien no se percibe una asociación positiva con la intensidad exportadora. Estos rasgos son ajenos al tamaño empresarial. Por último, las empresas que servitizan muestran una menor probabilidad de abandono de la actividad exportadora, prioritariamente las pymes; presumiblemente porque la estrategia de servitización les permite incrementar la fidelización de los clientes, sobre todo en contextos más competitivos y de mayor incertidumbre como son los mercados foráneos.

Este análisis revela el potencial que para la internacionalización exportadora de las empresas manufactureras tiene el proceso de servitización de las manufacturas y llaman la atención sobre las fronteras cada vez más difusas entre la producción de bienes y servicios, especialmente en un contexto en el que los cambios tecnológicos y la digitalización empujan a las empresas manufactureras a modificar sus modelos de negocios para hacer frente a los nuevos retos competitivos.

 

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