Por Adrián Cabrera (Universidad de Alcalá), Sonia Panadero (Universidad de Alcalá) y José Juan Vázquez (Universidad Complutense de Madrid

El sinhogarismo se ha convertido en una problemática creciente en Europa durante las últimas décadas. A pesar de los notables avances económicos y sociales, la crisis habitacional es cada vez más profunda en muchos países europeos, contribuyendo a un preocupante aumento de la exclusión residencial. En la actualidad, al menos 895.000 personas en Europa se ven afectadas por el sinhogarismo en sus formas más visibles, lo que pone de manifiesto la magnitud del problema.

España no es una excepción a esta tendencia. El sinhogarismo se ha convertido en un desafío cada vez mayor, lo que ha llevado al Gobierno español a desarrollar la Estrategia Nacional para la Lucha contra el Sinhogarismo 2023–2030, heredera de la anterior Estrategia Nacional Integral para Personas Sin Hogar 2015-2020. Este plan a largo plazo refleja un compromiso claro para prevenir y, en última instancia, erradicar el sinhogarismo. Sin embargo, datos recientes indican el auge de este fenómeno: en 2022, 28,552 personas se encontraban en una situación de sinhogarismo en España, lo que supone un aumento del 25% respecto al dato de 2012.

Las políticas públicas pueden desempeñar un papel decisivo para afrontar este desafío. En este contexto, el Gobierno español introdujo el Ingreso Mínimo Vital (IMV), un esquema de renta mínima garantizada diseñado para prevenir la pobreza y la exclusión social entre grupos vulnerables. Entre sus grupos prioritarios se encuentran mujeres adultas víctimas de violencia de género, supervivientes de trata de personas o explotación sexual y personas en situación sin hogar.

En un trabajo publicado por los autores, se evalúa la percepción del IMV entre la población en situación de sinhogarismo en España. Específicamente, se analiza su impacto en Madrid, una región caracterizada por su alta densidad poblacional y el creciente incremento de esta problemática. Además, en Madrid se concentra una mayor cantidad de personas experimentando el sinhogarismo, procedentes tanto del resto de España como de otras partes del mundo. Para alcanzar objetivo inicial, los autores realizan una investigación a partir de los datos de una muestra de 355 personas, los cuales se encontraban en varias de las categorías definidas por la Tipología Europea sobre el Sinhogarismo y la Exclusión Residencial (ETHOS).

Entre las principales características de los participantes que se resumen en el siguiente gráfico, destaca que solo el 10% de la muestra percibió el IMV. Considerando que las personas en situación de sinhogarismo constituyen un grupo potencialmente elegible para esta prestación, esta cifra resulta reveladora. Resulta a su vez llamativo que 3 de cada 4 individuos llevan más de un año experimentando el sinhogarismo y casi un 40% lo han sufrido en reiteradas ocasiones, lo cual sugiere las dificultades que atraviesan para poder salir de la situación y encontrar una posterior estabilidad. Además, 3 de cada 5 padecen una enfermedad grave o crónica, un hecho que repercute directamente sobre su bienestar actual y condiciona su situación futura.

Gráfico: Principales características del grupo de personas en situación sin hogar.

Los motivos que impiden la percepción de cualquier prestación tienen importantes implicaciones para la política social, ya que en muchos casos derivan de una superposición de factores — administrativos, legales, sanitarios o sociales — que pueden estar interconectados. Por ello, un segundo objetivo que han abordado los autores es el de identificar los factores que puedan estar evitando la percepción del IMV por parte de un grupo que es potencialmente beneficiario de dicha prestación. Abordar estos obstáculos es fundamental para diseñar mecanismos más efectivos que protejan a los más vulnerables y reduzcan las brechas en la cobertura. Con este fin, los autores plantean un modelo de regresión logística para estudiar los determinantes de la no percepción del IMV. El primer punto relevante que observan es que las variables relacionadas con la nacionalidad, el tipo de alojamiento, sufrir una enfermedad grave o crónica, el estado civil, la raza y la duración del episodio de sinhogarismo son estadísticamente significativas. Esto implica que estos factores influyen en la probabilidad de recibir el IMV. En contraste, factores como el género, la edad o el consumo de sustancias no parecen tener una relación significativa con la recepción de esta prestación.

En cuanto a la nacionalidad, el análisis muestra que las personas con nacionalidad española tienen una probabilidad de recibir el IMV que es 6 puntos porcentuales superior a la de quienes no la tienen. Este resultado no es sorprendente, dado que uno de los requisitos para acceder a esta prestación es residir en España. Por otro lado, quienes han pasado la noche en un recurso asistencial para personas en situación sin hogar presentan una probabilidad mayor de acceder a la prestación. Atendiendo al estado de salud percibido, las personas que declaran padecer una enfermedad grave o crónica tienen una probabilidad 9 puntos porcentuales menor de recibir el IMV. Esto podría explicarse porque, en algunos casos, estas personas acceden a otras prestaciones no contributivas que pueden excluirlas de recibir el IMV. No obstante, la realidad indica que solo el 5 % de las personas en situación de sinhogarismo ha recibido una pensión por discapacidad y el 6 % alguna otra pensión no contributiva.

Respecto al estado civil, las personas separadas o divorciadas tienen una probabilidad 5 puntos porcentuales mayor de recibir el IMV en comparación con quienes presentan otros estados civiles. Por el contrario, las personas no blancas —habitualmente extranjeras— tienen una probabilidad 5 puntos porcentuales menor de acceder a esta prestación. Finalmente, un mayor tiempo en situación de sinhogarismo se asocia con un incremento de 4 puntos porcentuales en la probabilidad de recibir el IMV.

 

Tabla: Efectos marginales del modelo de regresión logística.

Variables Efectos marginales
Hombre (frente a mujer)  0.03
Nacionalidad Española (frente a otra)  0.06 **
Estudios Superiores (frente a menor nivel de estudios) -0.00
Edad entre 19-30 (frente 45-60) 1
Edad entre 31-44 (frente 45-60)  0.03
Mayores de 60 (frente 45-60)  0.01
Alojamiento en un refugio (frente a alojarse en la calle)  0.04 **
Padecer una enfermedad grave o crónica -0.09 ***
Abuso de drogas  0.01
Abuso de alcohol  0.01
Separado/a o divorciado/a (frente a cualquier otro estado civil)  0.05 **
Racializado/a (frente a blanco/a) -0.05 **
Más de 12 meses sin hogar (frente a menos de 12 meses)  0.04 *
Más de una vez sin hogar (frente a una vez)  0.01
Observaciones (n) 355
Pseudo R2 0.2075
Prob > χ2 0.0002

***p<0.001; **p<0.05; *p<0.1. 1Ninguno de los entrevistados entre 18 y 30 años percibe el IMV.

 

A modo de conclusión, los autores inciden en el limitado impacto de la prestación: tan solo el 10% de la muestra recibe esta ayuda, lo que reduce considerablemente sus potenciales efectos positivos. Resulta necesario, por lo tanto, plantear una revisión de los mecanismos de acceso a la prestación, con el objetivo de dar una respuesta más adecuada ante estas situaciones de vulnerabilidad.

Al analizar los determinantes que están detrás de la no percepción de la prestación, se detectan factores como la nacionalidad de los individuos, si utilizan algún recurso de alojamiento para personas en situación sin hogar, el estado de salud, el estado civil, la raza y el tiempo en situación de sinhogarismo. La nacionalidad, el estado civil y la raza (vinculada en muchos casos a la nacionalidad) apuntan a la existencia de barreras legales o administrativas. Por lo que respecta al tipo de alojamiento, pernoctar en un albergue u otro recurso destinado a personas en situación sin hogar proporciona acceso a recursos a los que no se puede acceder viviendo en la calle. Entre ellos, el contacto con trabajadores sociales y personal especializado resulta clave, ya que proporciona un apoyo integral que va más allá de la asistencia material. A menudo, están involucrados en la gestión directa de trámites para garantizar el acceso a determinados servicios, así como en el acompañamiento destinado tanto a la inclusión social como laboral.

Si bien las prestaciones como el IMV están concebidas como un instrumento básico de protección, tanto la complejidad de la solicitud como la escasa cuantía de la ayuda dificultan que en la mayoría de los casos resulte un elemento diferencial en la lucha contra las situaciones de vulnerabilidad más acusadas. La falta de información, así como las barreras digitales y administrativas, generan con frecuencia una exclusión de potenciales beneficiarios. Sin embargo, la existencia de redes de apoyo social eficientes, incluido el modelo Housing First, tiene un efecto positivo en el acceso al IMV, lo cual pone de manifiesto la importancia de implementar estrategias integrales y centradas en la persona.

En definitiva, el trabajo pretende contribuir al debate en torno al diseño de políticas públicas más eficientes y eficaces en la lucha contra la pobreza y la exclusión. A su vez, supone un primer paso fundamental para la consiguiente ampliación del estudio a un plano nacional, lo que permitirá hacer comparaciones con otros países europeos y servir de apoyo al rediseño de las estrategias basadas en programas de rentas mínimas enfocadas a erradicar el sinhogarismo.

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