Por Alfredo Garcia-Hiernaux (Universidad Complutense de Madrid),  Maria T. Gonzalez-Perez (Banco de España) y David E. Guerrero (CUNEF Universidad). (*)

La Unión Económica y Monetaria Europea (UEM) se ha enfrentado a un importante reto desde su constitución, el diseño de una política monetaria común, teniendo los miembros de la unión una estructura económica y sociológica diferente, y un nivel de precios que evoluciona de manera heterogénea.

La implementación de una política monetaria común requiere que los precios de los países miembros converjan en términos relativos en el largo plazo. De lo contrario, la implementación de una política monetaria común podría generar desequilibrios fiscales o financieros en determinados países miembros. Por convergencia en términos relativos entendemos la convergencia de las tasas de inflación de dos países, mientras que por convergencia absoluta entendemos la convergencia de sus niveles de precios. La segunda implica la primera, pero lo inverso no es cierto. De esta forma, un diferencial positivo de precios entre dos países en el largo plazo es perfectamente compatible con la convergencia de sus tasas de inflación. Esto es, si el nivel de precios de dos economías converge en el largo plazo, sus tasas de inflación también lo harán, independientemente de que el diferencial del nivel de precios en el largo plazo no sea nulo. Dicho esto, ¿existe evidencia de convergencia relativa de precios en la UEM? A pesar de la importancia de medir, analizar y monitorizar de manera periódica la convergencia de precios relativa entre estados miembros en la unión, no es obvio que exista un marco econométrico global y unificado que permita hacerlo. Nuestro artículo propone una metodología que permite contrastar y caracterizar la convergencia absoluta y relativa de los niveles de precios de los países de la UEM desde 2002 hasta 2020.

Es importante recalcar que la inflación es un concepto de medio-largo plazo, compatible con shocks heterogéneos de corto plazo en el nivel de precios, que pueden causar desequilibrios y obligar a los precios a cambiar para ajustarse a su anterior o nuevo equilibrio. Si bien desequilibrios de mercado en el corto plazo afectarán al nivel de precios de uno o varios países miembros, estos, tras un periodo de tiempo, deberán de converger en el largo plazo a un nivel común de precios (convergencia absoluta) o hacerlo sus tasas de crecimiento (convergencia relativa). La metodología que se propone en nuestro artículo mide y estudia la convergencia asintótica, i.e., a un valor teórico común al cual los niveles de precios y la inflación convergen. También permite estimar la velocidad de convergencia. Esto es importante porque no todas las economías y sus fundamentales reaccionan a la política monetaria con la misma velocidad, por tanto, tampoco lo harán sus precios. La autoridad monetaria competente se beneficiaría de tener esta información para enfrentar los desequilibrios que causa la política monetaria en los distintos países miembros. Esta metodología también permite contrastar y monitorizar el cumplimiento de los criterios de convergencia de precios e inflación en los países candidatos a pertenecer a la Unión. Al poder contrastar convergencia absoluta y relativa de precios en un mismo modelo, se facilita la comparabilidad estadística de los distintos episodios de integración económica de los países miembros.

En lo que respecta al análisis econométrico propuesto, El artículo propone un modelo de corrección de error que permite estudiar la senda de convergencia de precios, así como sus características fundamentales (su forma, la velocidad de convergencia y el diferencial de precios o inflación, cualquiera sea el caso). El análisis de cointegración, que usualmente se emplea en este tipo de estudios para concluir sobre la convergencia de precios, en insuficiente ya que no informa adecuadamente del proceso de convergencia y divergencia, y sólo aporta respuestas binomiales: los precios ya han convergido o no lo han hecho. Nuestro modelo permite contrastar convergencia relativa y absoluta de precios cuando el proceso de convergencia se está produciendo, pero aún no se ha completado. Ello se consigue incluyendo uno o dos operadores convergencia a la especificación del modelo de precios relativos. Más detalles técnicos sobre la metodología y las definiciones empleadas pueden encontrarse en el artículo de referencia.

El periodo de estudio en este artículo empieza en enero de 2002, cuando el euro entró en circulación de forma física, hasta diciembre de 2019, justo antes de la pandemia. Las series de precios para cada país miembro son trimestrales y se basan en los índices de precios armonizados que publica mensualmente Eurostat. El análisis se lleva a cabo para toda la muestra y para dos submuestras solapadas (2002-2011 y 2010-2019) con objeto de ahondar en el estudio de un potencial cambio en la convergencia absoluta y relativa de precios en este periodo.

A continuación, se resumen los principales resultados obtenidos. Se encuentra evidencia estadística a favor de diferentes patrones de comportamiento en los niveles de precios de los países de la Unión, antes de 2012. En concreto, se encuentra convergencia absoluta de precios en el largo plazo sólo entre Alemania, Francia e Italia, rechazándose la convergencia absoluta de precios en el resto de casos. Sin embargo, no se rechaza una convergencia relativa de precios entre pares en el 18% adicional, incluido España, lo que supone la existencia de evidencia estadística a favor de una convergencia de inflación alrededor de 2012, para aproximadamente del 80% de la economía combinada de la UEM. De esta forma, hasta esa fecha, las tres economías más grandes de la UEM habían convergido en niveles de precios, y el 80% de la economía de la UEM en inflación. Ver Figura 1.

Figura 1. Precios relativos (%) en la UEM con Alemania como numerario.

    

Los contrastes arrojan resultados diferentes en la segunda submuestra. Ya no se encuentra evidencia de convergencia absoluta de precios en ningún caso. Tampoco se encuentra evidencia de convergencia en inflación entre ningún par de países, excepto entre Alemania y España. De acuerdo con los resultados obtenidos, los procesos de divergencia, cuando se detectan, comenzarían entre 2012 y 2015. La velocidad de ajuste del nivel de precios ante un shock se estima heterogénea y en muchos casos baja, lo que podría favorecer una menor capacidad estadística para detectar una senda de convergencia relativa o transición estable en esta segunda parte de la muestra hacia un nuevo equilibrio. También dificulta una política monetaria coordinada.

Los resultados obtenidos en cada submuestra se contrastan empleando toda la muestra y dos operadores convergencia que controlen por posibles cambios en la senda de convergencia (absoluta o relativa) de precios; ver figuras 2.a y 2.b. El eje de la derecha incluye los precios relativos (original y series corregidas por el factor convergencia, y el factor de corrección), que corresponden los gráficos de la parte superior de cada figura. El eje de la izquierda, parte inferior, incluye el coeficiente del test de divergencia/convergencia empleado, un valor por debajo del valor crítico informa sobre una probable divergencia de precios relativos. Las fechas estimadas de divergencia o convergencia se indican en cada figura.

Figura 2. IV/2011-I/2020. Análisis de convergencia usando los precios relativos de la UEM con Alemania como numerario.


Al emplear toda la muestra, se confirman los resultados anteriores y se encuentra evidencia de convergencia relativa de precios de para algunos países adicionales, como Países Bajos frente a Alemania. La reducida velocidad de convergencia entre ambos países explicaría que sólo se detecte convergencia entre estos dos países cuando se considera toda la muestra. En casi todos los casos analizados se precisan dos operadores convergencia para modelizar la evolución de sus precios relativos. Los resultados obtenidos sugieren interpretar el primer operador como un operador convergencia (hasta 2012) y el segundo como un operador divergencia, que tiene su origen entre 2012 y 2015. Con una elevada probabilidad no es uno, sino la interacción de un conjunto de factores financieros y económicos lo que explicaría el patrón de comportamiento de precios observado antes y después de 2012 en la UEM. Dada la heterogeneidad del tejido productivo y social de los países miembros, se precisaría de un análisis a nivel país para desvelar cuales han sido estos factores.

 

  • Las opiniones incluidas en esta nota y en el artículo referenciado son exclusivamente de sus autores y no se corresponden, necesariamente, con las del Banco de España o el Eurosistema.

 

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