Medidas en términos reales, las exportaciones españolas de bienes y servicios han crecido por encima del 3 por 100 en los tres últimos años, pero lo han hecho movidas por los servicios, turísticos y no turísticos, ya que las de mercancías han anotado tasas inferiores al 1 por 100 en 2024 y 2025, después de reducirse en 2023. La explicación más habitual de este pobre desempeño es que la demanda mundial ha avanzado lentamente, en particular la proveniente de la Eurozona, a la que dirigimos un 63 por 100 de nuestra oferta. En esta entrada se quiere investigar si esto es efectivamente así, o si existen otras razones que están ralentizando las ventas exteriores. También se busca resaltar y valorar su aumento en 2025.

Conviene comenzar destacando que la demanda europea ha paralizado su crecimiento en los últimos años. Con los datos de Eurostat aún muy provisionales para el ejercicio recién concluido, las importaciones intracomunitarias en 2025 fueron inferiores a las de 2022 en valor corriente, tanto para la UE como para la Eurozona. Pero incluso las importaciones totales, que podemos comparar a precios constantes, muestran niveles muy semejantes para estos dos años extremos del período que aquí se contempla.

España depende de la demanda comunitaria más que otros países (Gráfico 1), de forma que cabría esperar que esta circunstancia haya afectado en mayor medida a su comercio exterior. Sin embargo, no ha sido así, dado que las ventas a los países de la UE han tendido a reducirse en una medida sensiblemente menor que las alemanas, las francesas y las italianas (-0,51 cono media anual para los tres últimos años, frente al -0,92, – 1,24 y -1,23 para estos tres países respectivamente). Esta evolución parece reflejar una mayor resiliencia de la exportación española en un mercado comunitario claramente estancado, un primer rasgo positivo que merece ser destacado.

Si se examina ahora el comportamiento del conjunto de las exportaciones de los países considerados, utilizando de nuevo los datos provisionales de Eurostat, pero ahora expresados en valores constantes, la perspectiva comparada sigue siendo relativamente favorable para España, como se desprende del gráfico 2. En efecto, las exportaciones españolas se han reducido en el conjunto de los tres años considerados, pero sólo ligeramente, a una tasa media anual del -0,23 por 100, no tanto como las alemanas e Italianas o las de la Eurozona.

Francia, Portugal y Polonia han mostrado mejores desempeños entre los países escogidos, algo que parece relacionado, al menos parcialmente, con el abaratamiento de sus productos, para el que no resulta sencillo encontrar una explicación. Así, mientras que los precios medios de los productos exportados por España crecieron un 0,51 por 100 como media en el período considerado, algo menos que los de Italia y Alemania, que se elevaron casi un punto porcentual, los de Francia disminuyeron casi dos puntos anuales (1,72 Por 100) y también lo hicieron los de Portugal, Polonia y Grecia, estos últimos un 4,21 por 100 por año.

El impacto sobre la disminución de las exportaciones totales españolas de la reducción en las intracomunitarias puede estimarse en un -0,32 por 100 anual en valores corrientes, y en una tasa sensiblemente más elevada, midiéndolo en valores constantes, dada la subida en los precios reseñada en el párrafo anterior. Son caídas superiores a la contracción que realmente se ha producido en el volumen anual de las ventas totales al exterior (-0,23 por 100 anual), confirmando la hipótesis de partida, esto es, que el bajo crecimiento del área euro es la principal causa de la reducción del valor real de las exportaciones españolas en los tres últimos años. El apreciable incremento de las ventas dirigidas a los mercados no comunitarios ha impedido que esa reducción fuera mayor. Estas exportaciones con destino a mercados extracomunitarios se han expandido en una mayor medida que las de los países con los que estamos comparando a España, lo que ofrece un reseñable segundo rasgo positivo, indicativo de la solidez de la competitividad de las empresas españolas.

En todo caso, en el Gráfico 2, puede observarse también la modesta revitalización de las exportaciones europeas que se ha producido en 2025, a pesar del empeoramiento del entorno internacional como consecuencia de la política proteccionista desplegada por Donald Trump (ver aquí los efectos estimados sobre las exportaciones españolas). Las españolas, en particular, aumentaron un 1 por 100 en términos reales, según los datos provisionales de la Contabilidad Trimestral de España, algo más del 0,7 que en diciembre de 2025 les atribuía la predicción de Eurostat,  que es la recogida en el Gráfico 2.

La calificación de esta recuperación como modesta se comprende mejor si se tiene en cuenta que el incremento del volumen mundial del comercio de bienes en 2025 habría superado con holgura la previsión inicial de la OMC de un 2,5 por 100, impulsado por las transacciones de productos relacionados con la IA y por el adelanto de las ventas a EE.UU. al comienzo del año, ante la previsión del establecimiento de aranceles por parte de este país en el mes de abril. El volumen mundial de comercio creció ya de forma apreciable en 2024 (2,7 por 100), tras haberse estancado en 2023. Con estos datos, la tasa media de ascenso de las exportaciones mundiales de mercancias en el período 2023-2025 superaría el 2 por 100, en claro contraste con el descenso del volumen de las ventas exteriores de la UE. Como consecuencia de esta dispar evolución, los países de la UE han perdido peso en el comercio mundial de bienes en los tres últimos años, y España junto a ellos. No es sino una expresión más de las dificultades que atraviesan actualmente.

Entre las razones que pueden explicar esta desfavorable evolución comparada cabría destacar el paulatino cierre del mercado chino (que ha afectado a Alemania sobre todo), las guerras en Europa y Oriente Medio, los aranceles establecidos por Donald Trump, y las disminuciones de la competitividad en precios frente a China, que exporta deflación, dado su exceso de capacidad,y lo hace sobre todo a Europa, y frente a EE.UU., como consecuencia de la devaluación del dólar. Ni que decir tiene que estas disminuciones de competitividad han impulsado al alza nuestras importaciones (ver aquí )

En definitiva, las exportaciones españolas de bienes han afirmado en 2025 su crecimiento, tras un escaso avance en 2024 y un retroceso durante 2023. Lo han hecho en un entorno internacional  complejo y con los mercados europeos muy debilitados. En términos comparados con los líderes europeos, se han comportado razonablemente bien. La elevada resistencia mostrada ante el estancamiento del mercado comunitario, que es clave para su desenvolvimiento, el buen desempeño en mercados no comunitarios y el ascenso en los precios de los productos exportados son factores indicativos de resiliencia y competitividad. Aun así, no cabe duda de que su evolución futura debe suscitar preocupación e impulsar políticas industriales y de divesificación de mercados de destino más ambiciosas, porque él entorno internacional se ha vuelto cada vez menos favorable, y ha tendido a empeorar con el inicio de la guerra en Irán, la cual ha aumentado de forma considerable los ya altos niveles de incertidumbre y amenaza con crear serias disrrupciones en el funcionamiento de las cadenas globales de valor.

 

Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid. Miembro del Consejo Académico del Real Colegio Complutense en la Universidad de Harvard y de los Consejos de Redacción de varias revistas económicas.

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