En 2019, el semanario The Economist acuñó el término «slowbalisation» para describir la ralentización de la globalización comercial tras la Gran Recesión de 2009. Desde entonces hemos vivido una pandemia, Rusia ha invadido Ucrania, Trump ha desatado una guerra comercial y el estrecho de Ormuz se ha cerrado. Ante semejante sucesión de acontecimientos, cabría esperar que la «slowbalisation» hubiera dado paso a la «deglobalisation». ¿Ha sido así?
La forma más habitual de medir la globalización comercial consiste en calcular el peso del comercio internacional en el PIB, es decir la suma de las exportaciones e importaciones de bienes y servicios dividida por el PIB. Si el comercio crece más deprisa que el PIB, la ratio aumenta y la economía se globaliza; si crece más despacio, la ratio disminuye y la economía se desglobaliza.
El gráfico muestra la evolución de este indicador en el mundo (línea azul) y en España (línea roja) entre 1970 y 2024. Desde los años setenta hasta la Gran Recesión de 2009, el peso del comercio en el PIB mundial aumentó de forma relativamente constante; es decir, el mundo se globalizó. Desde entonces, sin embargo, la globalización comercial se ha estancado. Por tanto, el término «slowbalisation», acuñado por The Economist para describir la situación en 2019, sigue siendo válido en 2024: como señalan los profesores Antrás y Presbitero, el mundo no se ha desglobalizado; más bien, ha dejado de globalizarse.
¿Y qué ocurre en España? A diferencia del resto del mundo, España ya había alcanzado un elevado grado de globalización en 2000. De hecho, entre ese año y la Gran Recesión se produjo una desglobalización. Esa caída se explica por el fuerte crecimiento del PIB, impulsado por la construcción, que no vino acompañado de un aumento equivalente de las transacciones exteriores. Tras la Gran Recesión, sin embargo, España no siguió el patrón de estancamiento mundial. El peso del comercio internacional en el PIB aumentó del 53 % en 2010 al 70 % en 2024. Como explico en este estudio, una de las razones es el cambio en el modelo de gestión de muchas empresas: la presencia en los mercados exteriores ha dejado de ser esporádica para convertirse en habitual. Otra razón, especialmente relevante en los últimos años, es el fuerte crecimiento de las exportaciones de servicios no turísticos, como los empresariales, los de transporte y los de tecnologías de la información. Estas exportaciones ya representaron el 19% y 7% de las exportaciones de bienes y servicios y del PIB, respectivamente, en 2025.
Comercio internacional como porcentaje del PIB, 1970-2024
Fuente: World Development Indicators (Banco Mundial).
En suma, pese a los numerosos vientos en contra, el mundo no se ha desglobalizado: la globalización comercial, simplemente, ha dejado de avanzar. España, en cambio, ha seguido profundizando su integración en la economía mundial.





