Errare humanum est, sed perseverare diabolicum

Séneca el Joven

El Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) ha necesitado seis días para corregir las decepcionantes medidas adoptadas en la reunión del pasado 12 de marzo y que comentábamos en una entrada anterior, en este mismo blog.

En una reunión extraordinaria (fuera de su calendario habitual y por sorpresa), y como respuesta a una situación sin precedentes en la historia reciente, Christine Lagarde, a la cabeza del BCE, anunció el  pasado día 18 la puesta en marcha de un Programa de Compras de Emergencia frente a la Pandemia (PEPP, por sus siglas en inglés) por un importe total de 750 mm de euros. En las declaraciones efectuadas, aunque reconoce que son las políticas sanitarias y fiscales las que han de liderar las respuestas a esta crisis, se afirma que la política monetaria también ha de ejercer un papel importante pero complementario.

Con este programa especial se tratará de: contrarrestar los efectos de la expansión del coronavirus sobre el mecanismo de transmisión de la política monetaria; mantener la liquidez del sector financiero; y asegurar unas condiciones de financiación favorables para todos los sectores de la economía y ello incluye a familias, empresas, entidades bancarias y gobiernos.

Inicialmente el PEPP es un programa cerrado, aunque se reconoce que se podrá modificar en tamaño, plazo y composición de activos adquiridos si fuera necesario.

Las claves del PEPP son las siguientes:

  1. Dotación total: 750.000 millones de euros.
  2. Plazo: hasta diciembre de 2020 (nueve meses) como mínimo.
  3. Activos adquiridos: deuda pública y privada.
  4. Respecto a las compras de deuda pública. Se realizarán siguiendo los mismos criterios de clave de capital de los bancos centrales nacionales que en el Programa de Compra de Activos (PCA) iniciado en 2015. Sin embargo, a diferencia del PCA: a) las compras en el marco del PEPP tendrán flexibilidad para modificar la estructura de adquisiciones durante el periodo de vigencia del programa entre clases de activos y jurisdicciones, a diferencia del PCA; b) se incorporara en el PEPP la adquisición de deuda griega.
  5. Respecto a las compras de títulos privados. Se comprarán activos titulizados, bonos garantizados (cédulas hipotecarias), bonos corporativos y pagarés de empresa (papel comercial emitido por empresas no financieras) de alta calidad crediticia. La compra pagarés de empresa (activos no incluidos en el PCA) permitirá aumentar el rango de activos elegibles.
  6. Respecto a las garantías. Relajar la exigencia de los activos de garantía con el fin de incorporar préstamos destinados a la financiación empresarial.

En el gráfico siguiente se observar el alcance del PEPP y su proyección hasta diciembre de 2020.

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Como se puede observar el PEPP (barras grises) van a tener un alcance superior al PCA iniciado en marzo de 2015 (barras azules) y que, como se observa, finalizó en diciembre de 2018 para volver a activarse en noviembre de 2019, con un ritmo de compras mensual de 20.000 millones de euros, debido a la escalada mundial del riesgo. A partir de abril, a las compras del PCA, se sumará la ampliación prevista en el Consejo de Gobierno del pasado 12 de marzo (PCAA) por valor de 13.333 millones de euros mensuales. Y también a partir de abril las compras previstas en el PEPP, lo que elevará las compras mensuales hasta los 116.666,66 millones de euros. Sin duda la mayor operación de expansión cuantitativa (QE) realizada por el BCE hasta la fecha y que alcanzará a finales de año un total de 870.000 millones de euros.

A todo lo anterior hay que unir las medidas adoptadas en el Consejo del pasado 12 de marzo que incluían tanto operaciones adicionales de inyección de liquidez a más largo plazo mediante las conocidas como LTRO,  como operaciones de inyección de liquidez (TLTRO) con el objetivo concreto de expandir la financiación a familias y empresas no financieras; concretamente a Pymes, quizás el colectivo más afectado por la propagación del coronavirus. Estas operaciones de financiación se realizarán a un tipo de interés del -0,75%, concretamente -0,50% pp inferior a la facilidad de depósito, el tipo de interés más bajo ofrecido nunca.

El conjunto de medidas adoptadas estos días se completa con:

  1. Una acción concertada entre los principales bancos centrales del mundo (Banco de Canadá, el Banco de Inglaterra, el Banco de Japón, el Banco Central Europeo, la Reserva Federal y el Banco Nacional de Suiza) de provisión de liquidez en dólares americanos mediante operaciones swap diarias a plazo semanal. Estas operaciones se extenderán entre el 23 de marzo y, en principio, hasta finales de abril. La finalidad de esta medida es contribuir a apaciguar tensiones en los mercados mundiales de financiación en dólares.
  2. La relajación por parte del Mecanismo Único de Supervisión del BCE de los requerimientos de capital y operativos que tienen que cumplir las entidades bancarias. Concretamente el BCE decidió el pasado 12 de marzo que las entidades de crédito pueden usar completamente los colchones de capital y de liquidez, incluido el capital de la recomendación de Pilar 2, que es el que se exige a cada banco según sus riesgos específicos, con la finalidad de favorecer el crédito a la economía y no para dedicarlos a aumentar dividendos o las remuneraciones variables (tipo bonus)…

Cabe esperar que todas estas medidas no sean suficientes dada la magnitud del frenazo económico que está viviendo la economía mundial, aunque el BCE ha manifestado tu total disposición para ayudar a la Eurozona durante esta pandemia. Sin ir más lejos la Fed, que anunció el pasado día 15 marzo una expansión cuantitativa de 700 mm de dólares que dejó pequeña a la QE del BCE de 120 mm de euros, anunció el pasado dia 20 una expansión cuantitativa ilimitada y por el tiempo necesario para combatir al coronavirus. Este nuevo movimiento de la Fed coloca al BCE en situación de mover ficha y esperemos que, esta vez, no cometa el error de quedarse corto. 

 

 

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