Por Rosario Gandoy

Los análisis sobre especialización comercial se han centrado tradicionalmente en el comercio de bienes prestando poca atención a los flujos de servicios. En parte ello se justifica por el predominio de los bienes en los intercambios internacionales. Las transacciones de servicios, limitadas por la exigencia de proximidad física entre proveedor y cliente han venido desempeñando un papel residual. Pero también es la consecuencia de la insuficiencia que han venido mostrando las estadísticas de comercio de servicios. Mientras que los movimientos transfronterizos de bienes se inscriben en registros de aduanas que proporcionan una información detallada y bastante completa –sectorial y geográficamente-, no existe un registro sistemático de las transacciones internacionales de servicios, que son más complejas de medir puesto que no siempre implican un cruce de fronteras.

La situación ha cambiado en las últimas décadas cuando los avances en las tecnologías de la información y comunicación han abierto nuevas vías de comercialización de los servicios y han impulsado el aumento de sus intercambios, especialmente de aquellos servicios que pueden prestarse digitalmente. Así el comercio de servicios ha ido cobrando una creciente relevancia hasta llegar a alcanzar el 27,2% de los intercambios mundiales en 2024, y un porcentaje muy superior cuando la valoración es en términos de valor añadido.

El vigoroso aumento del comercio exterior de servicios y sus favorables previsiones -según la OMC, los servicios van a ser la palanca del comercio mundial en los próximos años-, aconsejan prestar una mayor atención a su presencia en el patrón exportador y, al igual que ocurre con la estructura productiva, considerar en los análisis sobre especialización comercial la totalidad de los intercambios: bienes y servicios. Ahora es posible gracias a las mejoras introducidas en las estadísticas del comercio de servicios que proporcionan las balanzas de pagos nacionales, con una metodología coherente con los principios de Contabilidad Nacional y un grado de desagregación sectorial suficiente (aquí).

La siguiente tabla muestra la composición de las exportaciones de bienes y servicios españolas en la última década (2015-2024). La descomposición sectorial de las exportaciones parte de la distribución entre bienes y servicios que proporciona la Contabilidad Nacional de España. A partir de ahí,  las exportaciones de servicios se desagregan de acuerdo con la información que suministra la Balanza de Pagos. En cuanto a los bienes, su descomposición sectorial se ha efectuado a partir de la información que proporciona el ICEX en su base de datos ESTACOM. Aunque hay alguna disparidad metodológica entre estos datos y los que elabora la Contabilidad Nacional, las diferencias en el valor de las exportaciones de bienes de ambas fuentes estadísticas son muy reducidas, no alcanzan el 1%

En cuanto a la distribución del comercio entre bienes y servicios,  las exportaciones de bienes siguen siendo mayoritarias, constituyendo dos terceras partes del total (65,6%), un porcentaje inferior al de Alemania (76%) o Italia (80%), pero muy similar al de Francia (65,9%). Sin embargo,  su presencia relativa ha venido reduciéndose en la última década como corresponde a la creciente internacionalización de los servicios, una de las más destacadas tendencias que imperan en el comercio internacional.

Estructura de las exportaciones españolas (%)

2015 2019 2024
    Exportaciones de bienes y servicios 100,0 100,0 100,0
    Exportaciones de bienes 69,8 67,9 65,6
       Agricultura 4,5 4,3 3,8
       Extractivas, energía y agua 1,4 1,4 1,7
       Manufacturas 61,6 60,7 54,6
                     Intensidad tecnológica alta 4,7 4,5 4,3
                    Intensidad tecnológica media-alta 29,1 27,5 24,1
                   Intensidad tecnológica media-baja 12,8 13,2 12,0
                   Intensidad tecnológica baja 15,1 15,5 14,2
        Otros 2,3 1,6 5,5
   Exportaciones de servicios 30,2 32,1 34,4
         Turismo 15,6 16,4 16,7
         No turísticos 14,6 15,7 17,7
                      Servicios de alta tecnología 3,3 3,6 4,0
                     Resto 11,2 12,1 13,7

Fuentes: INE, Contabilidad Nacional de España; Banco de España. Balanza de Pagos; ICEX, Estacom

 

La pérdida de peso exportador de los bienes se localiza sobre todo en las manufacturas que, aunque constituyen más de la mitad de las exportaciones totales (54,6%), han disminuido su participación en 7 puntos porcentuales desde 2015. Para valorar adecuadamente este retroceso hay que tener en cuenta que se acompaña de un significativo avance de las exportaciones de manufacturas que, en 2024, son un 44,5% superiores a las de 2015, y un 22,3% a las del año previo a la pandemia. Es más, el peso de las exportaciones de manufacturas sobre el PIB se ha mantenido constante en la última década, en torno al 20%, reflejando que las exportaciones de manufacturas han sido capaces de crecer al mismo ritmo que el PIB. Es, por tanto, el rápido ascenso del comercio de servicios la explicación del descenso de la cuota de las manufacturas en las exportaciones totales, tanto en lo que se refiere al conjunto de las manufacturas como a los cuatro bloques que resultan de su desagregación según la intensidad tecnológica que requiere su producción.

El progreso exportador, sin embargo, no ha sido el mismo en todos los grupos de manufacturas. Las que poseen una intensidad tecnológica media alta son las que muestran un comportamiento exportador menos dinámico y, aunque siguen manteniendo una posición de dominio en el patrón exportador español (24,1%), su importancia relativa se ha reducido significativamente en la última década. Y es que las exportaciones de vehículos, uno de los pilares clásicos de la exportación española, se han visto limitadas en los últimos años, llegando incluso a caer en 2024.  El sector se encuentra inmerso en un extraordinario proceso de transformación estructural: ha de cambiar su especialización productiva en motores de combustión y avanzar hacia la fabricación de vehículos eléctricos más sostenibles en un marco de intensa competencia china y de debilidad de la demanda de sus principales clientes europeos (Alemania y Francia) (aquí). El fuerte aumento de las exportaciones de vehículos eléctricos (aquí) y de productos químicos no ha sido suficiente para compensar la debilidad exportadora de la industria del automóvil.

Pero el cambio estructural más relevante, como ya se ha señalado, es el ascenso de las exportaciones de servicios no turísticos que ya superan los ingresos por turismo, y ello a pesar de la notable recuperación de éste, que ha llevado a que en 2024 se alcanzasen unos ingresos por turismo jamás logrados anteriormente. El resultado de esta expansión es que las exportaciones de servicios no turísticos ya tienen una presencia en el patrón exportador español más elevada que las manufacturas de intensidad tecnológica baja y media-baja. Además, su avance exportador se acompaña de una notable mejora competitiva, como denota su creciente superávit con el exterior que, en 2024, alcanzó el 2% del PIB.

Siguiendo la propuesta de Eurostat podemos distinguir las exportaciones de servicios de alta tecnología del resto. Se encuadran en este grupo los servicios vinculados a las TIC -telecomunicaciones, informática e información- y los servicios de I+D y se caracterizan por combinar intensidad en conocimiento, al menos un tercio de los trabajadores tienen estudios universitarios, con una alta intensidad tecnológica.

La aportación de los servicios intensivos en tecnología a las exportaciones totales (4% en 2024) es muy similar a la que alcanzan las manufacturas intensivas en tecnología (4,3%) pero, a diferencia de estas, su cuota ha venido aumentando progresivamente desde 2015. Es más, su presencia en el total de exportaciones nacionales, al contrario de lo que ocurre con las manufacturas intensivas en tecnología, es muy similar a la que representa en otras grandes economías europeas como Alemania (4,3%) o Francia (4,3%).

Estos datos muestran que la economía española está siendo capaz de adaptarse a las tendencias que imperan en el comercio internacional, con una creciente orientación de sus exportaciones hacia las producciones más dinámicas en el comercio internacional. El dinamismo exportador de los servicios no turísticos y, particularmente, de los de alta tecnología y sus  buenos resultados comerciales son reflejo de su capacidad competitiva y permiten prever una progresiva expansión de su actividad que, previsiblemente, tendrá una favorable incidencia sobre la digitalización y la mejora competitiva del conjunto del tejido productivo y, muy especialmente de las manufacturas.

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