Por Jose García-Quevedo (Universitat de Barcelona), Elisenda Jové-Llopis (Universitat Rovira i Virgili), Ester Martínez-Ros (Universidad Carlos III de Madrid)

Europa ha apostado decididamente por la transición ecológica. Buena parte del debate económico se ha centrado en el despliegue de tecnologías bajas en carbono, las inversiones necesarias para la descarbonización y el desarrollo de un nuevo marco regulatorio cada vez más ambicioso. Sin embargo, existe un elemento mucho menos visible que puede determinar el éxito de toda esta estrategia: disponer de trabajadores con las competencias necesarias para llevarla a cabo.

En un estudio reciente titulado Addressing skills shortages to advance the green transition in European SMEs, analizamos hasta qué punto la escasez de competencias se ha convertido en uno de los principales cuellos de botella para la transición verde de las pequeñas y medianas empresas europeas.

La preocupación por la falta de capacidades no es nueva, pero su relevancia ha aumentado de forma notable en los últimos años. Informes recientes de gran relevancia institucional, como el Informe Draghi sobre el futuro de la competitividad europea o el Informe Letta sobre el Mercado Único, coinciden en señalar que las brechas de competencias limitan la capacidad de adaptación de la economía europea ante la doble transición verde y digital.

Con el objetivo de medir el alcance de este problema sobre el terreno, utilizamos la información de la encuesta Flash Eurobarometer 537 de la Comisión Europea, realizada a cerca de 14.000 pymes de toda Europa. Los resultados muestran que las dificultades para contratar trabajadores cualificados son ya una realidad para una parte importante del tejido empresarial europeo. Cerca del 40% de las empresas encuestadas declara experimentar problemas significativos para encontrar el personal que necesita.

Ahora bien, este problema no se distribuye de forma homogénea en Europa (Figura 1). Existen diferencias importantes entre países, así como entre sectores y tipos de empresas. Para analizar esta heterogeneidad distinguimos entre empresas ubicadas en países líderes en ecoinnovación (eco-leaders) y aquellas situadas en países que todavía están avanzando hacia esa posición (eco-catching-up), así como entre sectores más y menos intensivos en emisiones.

Los mayores problemas de escasez de competencias se observan en países como Bulgaria, Grecia, Chipre o Francia, mientras que Reino Unido, Islandia y los Países Bajos presentan los niveles más bajos. Asimismo, las dificultades son especialmente intensas en los países menos avanzados en la transición ecológica (eco-catching-up) y en los sectores más contaminantes.

Figura 1. Incidencia de la escasez de competencias entre las pymes europeas

Fuente: Flash Eurobarometer 537

Sin embargo, el resultado más llamativo de nuestro estudio es que estas dificultades no se concentran principalmente en los trabajadores con estudios universitarios, como habitualmente se asume cuando se habla de empleo verde. Por el contrario, las mayores dificultades aparecen en perfiles con estudios de educación secundaria y formación profesional. Son precisamente estos trabajadores quienes desempeñan un papel esencial en la instalación, operación, mantenimiento y adaptación de las tecnologías necesarias para la transición ecológica.

Los datos también muestran que la escasez de talento responde a un problema complejo y multidimensional. Las empresas no solo encuentran pocos candidatos disponibles, sino que, además, muchos de ellos no reúnen la cualificación o la experiencia requerida. A ello se suma la dificultad de muchas pymes para competir con las condiciones salariales y laborales ofrecidas por empresas de mayor tamaño, lo que agrava aún más los problemas de contratación.

Estas dificultades tienen consecuencias que van mucho más allá del mercado de trabajo. La falta de competencias no solo dificulta la contratación de talento, sino que limita la capacidad de las empresas para adoptar nuevas tecnologías, reorganizar sus procesos productivos y avanzar hacia la sostenibilidad. Uno de los principales resultados de nuestra investigación es que las empresas que experimentan mayores problemas para encontrar las competencias que necesitan son también las que encuentran más dificultades para reducir su impacto ambiental. En otras palabras, la escasez de capital humano cualificado ralentiza la adopción de prácticas más sostenibles y dificulta el avance de las empresas hacia sus objetivos de descarbonización.

¿Cómo reaccionan las pymes ante este problema? La estrategia más habitual consiste en reforzar los procesos de reclutamiento, ampliando los canales de búsqueda de candidatos y diversificando las vías de contratación. También adquieren importancia las políticas de retención del talento y, en muchos casos, la contratación de trabajadores procedentes de otros países. En cambio, nuestro análisis muestra una influencia mucho más limitada de los instrumentos externos de apoyo, como las subvenciones, los incentivos fiscales o los programas públicos de formación. Esto sugiere que todavía existe un importante margen de mejora para adaptar estas políticas a las necesidades reales de las empresas.

Además, observamos que las respuestas empresariales no son homogéneas. Las empresas situadas en países líderes en ecoinnovación recurren con mayor frecuencia al refuerzo del reclutamiento y a la intensificación de la digitalización para automatizar determinadas funciones. En cambio, las ubicadas en economías en fase de convergencia eco-innovadora tienden a concentrar sus esfuerzos en la retención del talento. Del mismo modo, las empresas pertenecientes a los sectores más contaminantes se ven obligadas a concentrar sus esfuerzos en mejorar sus canales de captación tradicionales ante la fuga de trabajadores.

En este sentido, iniciativas recientes de la Comisión Europea, como la Union of Skills o el Clean Industrial Deal, avanzan en esta dirección al situar el desarrollo de competencias, el upskilling y el reskilling entre las prioridades de la política económica europea. Pero el reto sigue siendo considerable. La transición ecológica no depende de un único elemento, sino de la capacidad de coordinar un conjunto de factores interdependientes: un marco regulatorio adecuado, financiación suficiente, tecnologías disponibles y empresas capaces de incorporar esas tecnologías gracias a una plantilla con las competencias necesarias. La transición verde solo podrá avanzar al ritmo previsto si todas estas piezas funcionan de forma coordinada.

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