Por María D. Abellán-Salinas, María López-Martínez y Gloria M. Soto (Universidad de Murcia)
A pocos años para que venza su plazo, la Agenda 2030 sigue siendo el marco internacional más ambicioso y universal para orientar el planeta hacia un desarrollo sostenible. Contempla los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) recogidos en la Figura 1. Cada ODS tiene varias metas plasmadas en un conjunto de indicadores que permiten cuantificar su grado de cumplimiento.
Figura 1. ODS

Si bien cada indicador presenta interés por sí mismo, para medir la sostenibilidad de un país es necesario combinar la información procedente de todos los indicadores en un único valor que resuma el panorama en su conjunto. Aquí es donde surge la utilidad de los indicadores sintéticos.
Los indicadores sintéticos y su talón de Aquiles
Los indicadores sintéticos son herramientas diseñadas para resumir fenómenos complejos y multidimensionales en un único valor numérico. Combinan múltiples variables en un indicador agregado que proporciona una visión simplificada de la realidad, ofreciendo una mirada rápida de la situación de los países y de su evolución (si mejoran o empeoran).
Para crear un indicador sintético se han de tomar importantes decisiones metodológicas. Por ejemplo, hay que elegir las variables, decidir cómo normalizarlas (llevarlas a una escala comparable) y determinar su peso o ponderación. Las elecciones que se hagan no son neutrales, ya que pueden alterar significativamente las puntuaciones del indicador sintético y, con ello, la narrativa sobre quién lidera, quién se queda atrás, cuál es el progreso real o cuáles deben ser las prioridades.
La elección de las ponderaciones es posiblemente el aspecto más controvertido, el que genera más discusión y, por tanto, el talón de Aquiles de los indicadores sintéticos. Por ello, por simplicidad y para evitar decisiones arbitrarias o que no cuenten con suficiente consenso, muchos indicadores sintéticos asignan el mismo peso a cada variable.
Así sucede con el Índice de los ODS (IODS), que es el indicador de referencia para evaluar el avance de los países hacia la Agenda 2030. Este indicador se recoge en el Informe sobre el Desarrollo Sostenible (Sustainable Development Report), que ofrece, para los estados miembros de las Naciones Unidas, puntuaciones que reflejan el nivel alcanzado en el cumplimiento de cada ODS y un indicador sintético, el IODS, que cuantifica el grado de cumplimiento de la Agenda en su conjunto. En su elaboración, todas las variables relativas a cada ODS se combinan mediante una media aritmética y estas puntuaciones nuevamente se promedian para obtener el indicador sintético. De esta forma, se aplica un esquema de ponderaciones iguales para las variables de cada ODS y para estos últimos en el indicador final, justificándose esta elección en que no hay un consenso sobre los pesos y porque todos los indicadores y ODS son relevantes. La equiponderación es un procedimiento sencillo y transparente, pero no es neutral para los resultados cuando existen conflictos y sinergias entre los ODS, las metas y las variables.
El impacto de las interrelaciones
En los fenómenos multidimensionales es usual que las dimensiones suelan estar correlacionadas, es decir, que exista cierta redundancia y solapamiento entre ellas. Cuando esto ocurre, usar ponderaciones iguales lleva a “contabilizar varias veces” la información utilizada, dando demasiada importancia a las dimensiones que se mueven juntas y reduciendo la relevancia de las que proporcionan perspectivas distintas. En el extremo, el indicador equiponderado podría estar dominado por un número limitado de variables redundantes, pudiendo distorsionar los resultados.
La medición de la sostenibilidad está expuesta a este problema. Por ejemplo, las situaciones de pobreza se vinculan positivamente con problemas de nutrición, de salud y económicos; por su parte, un mayor crecimiento económico suele implicar un medio ambiente más deteriorado. Interrelaciones como estas hacen que la consecución de un objetivo pueda impulsar el logro de otros (si la relación entre indicadores es positiva) o poner en riesgo otros (si es negativa).
Conscientes de esta problemática, en un reciente trabajo hemos dirigido nuestra atención a un enfoque alternativo para obtener índices sintéticos; concretamente, el basado en la medida de distancia P2 (DP2).
Medir la sostenibilidad eliminando la información redundante
La DP2 fue propuesta en 1977 por Bernardo Pena como una medida de distancia que permite determinar la proximidad o distancia de los casos analizados respecto a una base de referencia. Es un enfoque muy interesante porque normaliza las variables y evita los pesos arbitrarios, dando a cada variable una ponderación que depende de su correlación con el fenómeno analizado y de la información no redundante que aporta. De esta forma, son los propios datos los que determinan un esquema de ponderaciones que tiene en cuenta las interrelaciones entre las variables y, como resultado, DP2 mide solo el avance que no es redundante.
En nuestro trabajo, empleamos la DP2 para obtener un indicador sintético que cuantifique la situación y el progreso hacia el desarrollo sostenible considerando las interrelaciones existentes entre los ODS, para así identificar lo que cada ODS aporta de manera única al progreso conjunto. Para ello partimos de los indicadores parciales de los 17 ODS recogidos en el IODS para ciento diez países durante el periodo 2000-2023.
Este enfoque reveló diferencias significativas respecto al IODS. En concreto, empleando la DP2, observamos que los países muestran un avance mayor en materia de sostenibilidad (el crecimiento medio anual es 17,15% frente al 12,58% del IODS) y hay una mayor evidencia de convergencia entre los países.
También cambia el ranking de los países; por ejemplo, España desciende en 7 posiciones, pasando del puesto 12 en el ranking del IODS en 2023 al puesto 19 atendiendo a su DP2. Tomando el conjunto de países analizados, la Tabla 1 muestra los resultados de comparar los rankings de los países según ambos indicadores, ordenando los países por grupos de menor IODS (Q1, primer cuartil) a mayor (Q4, cuarto cuartil). En la primera columna se muestra el número de países en cada grupo y, en las tres siguientes, el porcentaje de países que mejoran su ranking con la DP2 (en relación con su ranking según el IODS), que permanecen igual y que empeoran con la DP2. En las últimas dos columnas se recoge el promedio del ranking de los países de cada grupo según cada indicador.
Como se observa, los países en los dos primeros cuartiles del IODS (menor nivel de sostenibilidad) mejoran su ranking con la DP2, mientras que los demás países empeoran su ranking con la DP2. Esto evidencia que el IODS sobrevalora la sostenibilidad de los países más avanzados e infravalora la de aquellos con menor nivel de sostenibilidad debido a la retroalimentación existente entre los ODS.
Tabla 1. Comparativa de los rankings
| Cuartil de IODS |
Número de países en el cuartil |
Países que mejoran con DP2 (%) | Países que no varían con DP2 (%) | Países que empeoran con DP2 (%) | Ranking promedio según DP2 |
Ranking promedio según IODS |
| Q1 |
28 |
64,3 | 7,1 | 28,6 | 94 |
97 |
| Q2 |
27 |
55,6 | 3,7 | 40,7 | 67 |
69 |
| Q3 |
27 |
37,0 | 0,0 | 63,0 | 45 |
42 |
| Q4 |
28 |
35,7 | 7,1 | 57,1 | 16 |
15 |
El mapa de la sostenibilidad resultante de ambos indicadores para los años extremos del periodo analizado se recoge en la Figura 2. La información actual del IODS puede, a su vez, consultarse en el mapa interactivo del Sustainable Development Report (https://dashboards.sdgindex.org/map/).
Figura 2. Sostenibilidad en el mundo según DP2 e IODS en 2000 y 2023




Las diferencias entre ambos indicadores se explican por la diferente ponderación con la que los indicadores parciales de los ODS entran en cada indicador sintético. Frente a la equiponderación del IODS, la DP2 otorga pesos diferentes a cada ODS (Figura 3). En un primer grupo de indicadores vinculados al medio ambiente y relativos a Agua limpia y saneamiento (ODS6), Vida submarina (ODS14) y Vida de ecosistemas terrestres (ODS15), al que se añade Alianzas (ODS17), la ponderación en la DP2 es sensiblemente superior a la otorgada por el IODS; por su parte, la mayoría de los indicadores relativos a la prosperidad, además de Hambre cero (ODS2) e Igualdad de género (ODS5), presentan ponderaciones similares; finalmente, los restantes indicadores presentan ponderaciones menores en la DP2, siendo el caso extremo el de Fin de la pobreza (ODS1), con una ponderación en el IODS que casi triplica la de la DP2. Esto último ilustra el hecho comentado anteriormente de que los países más adelantados, en general con menores niveles de pobreza, empeoran su posición atendiendo a la DP2.
Figura 3. Esquema de pesos

Medir bien para priorizar mejor
Los resultados obtenidos tienen implicaciones importantes en el relato sobre la sostenibilidad a nivel mundial y también a la hora de priorizar las intervenciones y diseñar propuestas de actuación.
Atendiendo a nuestros resultados, el medio ambiente (en particular, los ODS 6, 14 y 15) y la cooperación internacional (ODS17), por su elevado peso en la DP2, constituyen ámbitos cruciales del progreso sostenible medido de forma integral, ya que son áreas de progreso relevantes e independientes que no podrán lograrse con otras políticas y objetivos. Y las estrategias que priorizan exclusivamente metas sociales o de crecimiento pueden sobrestimar su impacto agregado si ignoran problemas ambientales y la necesidad de cooperar entre los países.
En definitiva, diferentes métodos de medición revelan distintas historias sobre la sostenibilidad. Comprender estas diferencias permite apreciar por qué es importante el debate sobre la medición y por qué el uso de enfoques alternativos puede mejorar la transparencia, incorporar nuevos matices y reorientar las políticas a medida que se acerca el horizonte de 2030.




