Por Joan Batalla Bejerano, Funseam y Universidad de Barcelona, y Elisenda Jové-Llopis, Cátedra de Sostenibilidad Energética y Universidad de Barcelona.

Si hace unos años nos hubieran dicho que con la basura de los océanos se podría fabricar ropa, con las hojas de olivos fertilizantes y tinte de pieles, con los residuos orgánicos bioplásticos o que con las baterías usadas de los coches eléctricos se iluminarían campos de futbol enteros hubiéramos pensado que se trataba de ciencia ficción. El caso es que estos ejemplos no son del futuro, son el presente de muchas empresas que ya están incorporando principios de circularidad en sus procesos productivos a partir de la valorización de los residuos.

A lo largo de los últimos años, el concepto de economía circular ha ido adquiriendo mayor notoriedad, de ahí que este fenómeno se haya situado en el epicentro del debate de economistas, responsables políticos y de la sociedad en general (Figura 1). La situación actual de lucha contra el cambio climático y de recuperación económica y social post Covid-19 no ha hecho más que agudizar la urgencia de transitar de un arraigado modelo económico lineal basado en la premisa que los recursos son abundantes, fáciles de obtener y baratos de eliminar a un modelo económico más sostenible en la manera de producir y consumir de las economías.

Figura 1. Popularidad de las consultas de búsqueda del término “economía circular”

 

 

 

 

 

 

Nota: el volumen de búsqueda hace referencia a nivel mundial del término “circular economy

Fuente: Google Trends, 2020

Una economía circular disminuye la presión sobre los recursos naturales y es una condición necesaria para alcanzar el objetivo europeo de neutralidad climática para 2050. En términos generales, se entiende por economía circular aquella economía que reduce la necesidad de materias primas, aminora los costes energéticos aumentando la eficiencia, minimiza la generación de residuos, transforma los residuos en nuevas materias primas e incrementa la permanencia de los materiales y productos más tiempo en el círculo económico.

Ahora bien, avanzar hacia una economía circular requiere de un complejo y largo proceso de transformación que abarca todos los agentes económicos –gobiernos, empresas y consumidores, afecta de manera transversal a todos los sectores de la economía y pivota bajo el paraguas de la innovación y el desarrollo tecnológico.

Desde el punto de vista de las administraciones públicas, la innovación pasa por transformar el actual marco normativo en uno completamente circular. Adaptar nuestra economía a un futuro ecológico y reforzar nuestra competitividad, protegiendo al mismo tiempo el medio ambiente y confiriendo nuevos derechos a los consumidores, no será posible sin políticas públicas capaces de definir un marco de actuación favorable a la economía circular. En este sentido, durante los últimos años varios han sido los planes de acción de la Unión Europea dirigidos a configurar un modelo de crecimiento regenerativo, donde los productos sean más funcionales y con una mayor vida útil. En este contexto, es necesario resaltar la respuesta europea ante los desafíos actuales con la publicación del reciente Plan de acción para la economía limpia y circular que debe permitir alcanzar una economía desacoplada, eficiente en el uso de los recursos, competitiva y que al mismo tiempo proteja el medio ambiente. Para el caso concreto de España, en el último año también se han producido notables avances; no se debe olvidar la aprobación el pasado mes de junio de la Estrategia Española de Economía Circular, así como el primer Plan de acción para la implementación de una España circular que verá la luz a finales de año. Un ejemplo más del compromiso real y sostenido de los gobiernos en la definición de marcos públicos de actuación con “criterios de circularidad”.

Dentro del tejido empresarial es fundamental impulsar la innovación para generar nuevas soluciones tecnológicas que permitan introducir en el mercado nuevos productos y servicios más sostenibles. Si bien existe un amplio consenso acerca de la necesidad urgente de transformar la economía europea y los principales beneficios que reportará la economía circular, su grado de implementación entre las pequeñas y medianas empresas europeas avanza a un ritmo pausado (Figura 2). El nivel de inversión en actividades circulares entre las pymes europeas es significativamente bajo ya que aproximadamente tres cuartas partes de las empresas han invertido menos de un 5% de su facturación en implementar actividades circulares.

Figura 2. Distribución de actividades de economía circular por tipología

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de Flash Eurobarometer Survey 441, Comisión Europea

La adopción de actividades más sostenibles y circulares se enfrenta a un conjunto de barreras y desafíos que las empresas deben superar de acuerdo con su estrategia, recursos y capacidades. Entre las principales barreras a la circularización de procesos y ahorro de recursos naturales, resaltan aquellas relacionadas con la inversión y la búsqueda de financiación (falta de una idea clara sobre las ventajas económicas, dificultad para obtener financiación y falta de una idea clara sobre la inversión necesaria). Así pues, se debe mejorar en la identificación y eliminación de los principales factores que obstaculizan las decisiones de los empresarios a implementar iniciativas que contribuyen a circularizar la economía (Figura 3).

Figura 3. Motivos por los que no se han llevado a cabo actividades relaciionadas con la economía circular

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de Flash Eurobarometer Survey 441, Comisión Europea

Por último, el éxito de esta carrera de fondo hacia un modelo económico circular requiere, indudablemente, de la participación de los consumidores. Y es que de acuerdo con los datos de Fundación COTEC, aunque en los últimos tres años se ha triplicado el grado de conocimiento sobre economía circular entre la población española, en 2020 tan solo el 32% de las personas sabe qué es. La innovación en este ámbito radica en empoderar a los consumidores en búsqueda de un consumo más sostenible y responsable con el objetivo de substituir el consumo de usar y tirar por uno respetuoso con el medio ambiente. La información y la educación son factores esenciales para guiar a todos los consumidores hacia patrones de comportamiento circular.

Sin duda, el cambio para asentar la senda verde de crecimiento no ha hecho más que empezar, el gran reto recae ahora en consolidar esfuerzos y alianzas entre el conjunto de los agentes económicos en busca de la mejor armonía para alcanzar el objetivo común de una economía climáticamente neutra de aquí a 2050.  Es un momento crucial para que economía y medio ambiente avancen juntos en la misma dirección para mantener la sostenibilidad del planeta.

 

 

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