Por Adelaida Lillo BañulsBegoña Fuster García (Universidad de Alicante)

En 2022 la flota pesquera de la Comunidad Valenciana representó el 6,02% de la flota española, ocupando el quinto puesto en el ranking nacional y con una antigüedad media de 28 años, inferior a la nacional, 35. Asimismo, representó el 5,58% en capacidad de arqueo y el 8,33% en potencia. El promedio de eslora es superior a la media española, sólo superada por la flota cántabra y vasca.

Este sector tiene actualmente un presente y futuro incierto y el análisis del sector pesquero valenciano sirve como marco de referencia de las dificultades actuales del conjunto de las pesquerías españolas del Mediterráneo.

El sector pesquero, más allá de su porcentaje en el PIB, es un sector esencial por su valor estratégico, no solo por su importancia alimentaria en nuestra dieta, sino también por su tradición y arraigo en las poblaciones costeras de la Comunidad Valenciana y en su gastronomía.

Las capturas pesqueras de la Comunidad Valenciana fueron en 2022 de 17.233 toneladas con un valor de 86,8 millones de euros. A nivel provincial, el sector pesquero alicantino es el más representativo, tanto en volumen como en facturación, seguido del de Castellón y Valencia (gráfico 1). Los puertos más relevantes por volumen de pesca son Torrevieja, Castellón de La Plana y Santa Pola, que acumulan el 43,4% de las toneladas capturadas. En términos monetarios, destacan Santa Pola, Castellón de La Plana y Villajoyosa, con el 42,8% del valor de la pesca desembarcada en la Comunidad Valenciana. Este orden difiere debido a los diferentes precios que tienen las especies capturadas en cada puerto.

Gráfico 1: Capturas pesqueras de la Comunidad Valenciana por provincias, 2022

Fuente: Generalitat Valenciana.

En 2020 comenzó a aplicarse en España el Plan demersal para la pesca en el Mediterráneo occidental, propuesto por la UE. Este Plan ha supuesto una reducción de las capturas y, por consiguiente, de los ingresos del sector pesquero en la Comunidad Valenciana. Ha afectado principalmente a la flota de arrastre, que representa el 39,3% de la flota pesquera valenciana. Por provincias, el sector pesquero alicantino ha sido el más afectado por el Plan, con un 45% de su flota dedicada a esta modalidad de pesca, mientras que en las provincias de Castellón y Valencia la flota de arrastre representa un 39,9% y 27,2%, respectivamente. Esta modalidad de pesca supone el 63% de la facturación pesquera de la Comunidad Valenciana, con diferente peso en sus puertos (gráfico 2).

Gráfico 2. Distribución porcentual de la facturación de cada lonja por modalidad de pesca

Fuente: CSIC

Atendiendo al Plan demersal, la flota de arrastre ha tenido que reducir los días de pesca anuales un 10% en 2020, un 7% en 2021, un 6% en 2022 y un 7% en 2023, lo que ha implicado una reducción del esfuerzo pesquero del 30%. Para 2024 la UE ha establecido una reducción adicional del 9,5%, rozándose el límite máximo fijado en el Plan plurianual (40%). No obstante, la reducción neta puede ser de un 3,5% si los pescadores de arrastre se acogen a medidas compensatorias. Esta situación supone una amenaza para la supervivencia del sector pesquero de la Comunidad Valenciana, ya que puede implicar la eliminación de un 16,5% de la flota dedicada a esta actividad.

Las especies más afectadas por este Plan son salmonete de fango, gamba roja, gamba blanca y merluza, que representan el 15% de las capturas y el 31% de la facturación pesquera valenciana. En los puertos alicantinos se captura el 85,9% de la gamba roja, el 85,7% de la gamba blanca y el 52,4% de la merluza, mientras que el salmonete de fango se captura principalmente en los puertos castellonenses (49,1%).

Este no es el único problema al que se enfrenta el sector pesquero valenciano. Además de estar sujeto a una estricta reglamentación europea, española y de la comunidad autónoma, y no solo para la flota de arrastre, el sector tiene un futuro incierto por otras cuestiones que aparecen como vientos en contra para su supervivencia.

La falta de relevo generacional y las dificultades para encontrar capital humano para trabajar en el sector es un problema importante. A la dureza de las condiciones de trabajo, la escasa presencia de jóvenes y mayores de 55, la escasa presencia de mujeres y la inseguridad de la estabilidad de los puestos de trabajo por las reducciones de capturas y flotas que se ha venido produciendo en los últimos años, se ha unido el problema de los días de paro obligatorio para la flota de arrastre que ha generado mucha incertidumbre entre su personal con el agotamiento de los periodos de paro para sus trabajadores sin ninguna compensación laboral por esta circunstancia. Asimismo, a estas dificultades se unen las titulaciones náutico pesqueras exigidas a los trabajadores del sector para poder ejercer profesionalmente. Muchas veces existen problemas para poder realizar estos cursos o para revalidarlos. No existe oferta pública o es muy escasa y hay que realizar cursos en centros privados.

Otro problema destacable es el elevado grado de concentración de la demanda en la comercialización de productos pesqueros en primera venta en las lonjas de la Comunidad Valenciana. Una gran parte de las compras se realiza por parte de grandes mayoristas (entorno a un 72% del volumen de capturas), seguido de grandes distribuidores, Mercadona, Carrefour, etc… (entorno al 12,2%). Esto supone un oligopsonio que reduce el precio de esta venta y, por tanto, la rentabilidad del sector sin que esto signifique ventajas para los consumidores y sí mayores márgenes para los grandes compradores.

Esto se suma a la caída de la rentabilidad observada en el sector en los últimos años. Entre 2017-2021 un 34,2% de las empresas pesqueras valencianas han reducido su rentabilidad en un contexto de subida de costes y caídas de ingresos (reducción de capturas, paros biológicos, reducción del consumo de pescado, entre otras causas). Este hecho, asociado a múltiples factores, es preocupante para la sostenibilidad económica del sector.

En cuanto a la flota pesquera de la Comunidad Valenciana, en 2022 estaba formada por 521 buques con una capacidad de arqueo de 17.852GT y una potencia de 62.231KW, siendo la flota alicantina la más representativa, con el 46,8% de los buques y el 56,7% de capacidad, seguida de Castellón (31,6% y 33,8%, respectivamente) y Valencia (19,8% y 9,5%, respectivamente). Un problema importante al que se enfrenta la flota de la Comunidad Valenciana es que ha experimentado una notable reducción, tanto en número de buques como en capacidad de bodega y potencia. Desde 2006 a 2022 ha pasado de 822 a 521 buques, una reducción del 36,6% de la flota, del 34,5% de capacidad y del 52,7% de potencia.

Por otro lado, si bien la antigüedad media de la flota valenciana es de 28 años, inferior a la media nacional (35 años), otra cuestión importante a considerar en el sector a medio plazo es la transición energética hacia la descarbonización de la flota, uno de los objetivos del Pacto Verde Europeo. Esto supone grandes inversiones para la adquisición de barcos sostenibles, energéticamente más eficientes, que incorporen nuevas soluciones tecnológicas e innovaciones. Se precisa, por tanto, de una reflexión sobre la necesidad de abordar esta transición en los próximos años. Esto requerirá, por un lado, aumentar la capacidad y potencia de la flota, que la actual Política Pesquera Común limita, y, por otro lado, nuevos fondos y subvenciones que ayuden al sector a llevar a cabo esta transición hacia una flota más sostenible, eficiente y moderna.

Otros problemas que se plantean en el sector son: la competencia por las importaciones de pescado fresco de otros países, de menor calidad y frescura y con menor control; la excesiva carga burocrática y las dificultades para solicitar ayudas o subvenciones; la reducción en los últimos años de la demanda de pescado, la competencia con la pesca deportiva o recreativa que detrae importantes cantidades de pescado, muchas veces comercializada de forma sumergida; las restricciones, o mejor dicho prohibición, de la pesca del atún, pez que ha proliferado en el Mediterráneo y es un gran depredador; la preocupación por la sostenibilidad de los recursos marinos y, concretamente, el futuro de los caladeros. Por ejemplo, el cambio climático que, con el aumento de temperaturas en el Mediterráneo, desplaza algunas especies importantes para la pesca.

Como hemos visto, el sector pesquero tiene un presente y futuro incierto y vientos en contra por muy diversos factores de gran complejidad que, en muchos casos, se regulan desde instancias supranacionales (UE). Sin duda, es necesaria la investigación biológica marina, pero también un seguimiento económico del sector para conseguir, como se señala en muchas leyes de pesca, la sostenibilidad de los recursos marinos conjuntamente con la sostenibilidad económica del sector.

Para ello, es necesario una coordinación importante entre las cofradías y las instituciones públicas pesqueras, en este caso, con la Conselleria de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Comunidad Valenciana, y también, con los centros de investigación y universidades. Es el momento de realizar propuestas de mejora, de plantear soluciones, de comprender al sector y su problemática, a la vez que preservamos, como no puede ser de otro modo, nuestros recursos marinos.

Debemos mejorar la sostenibilidad, no solo de los caladeros y recursos pesqueros sino también económica, y lograr a medio plazo vientos a favor para un sector que está sufriendo por su supervivencia y que es tan importante para la economía azul, la seguridad alimentaria y la preservación de nuestras tradiciones, gastronomía y poblaciones pesqueras. Aviso a navegantes para la pesca mediterránea.

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