Durante 2023, el comercio y la inversión internacionales presentaron dos rasgos especialmente preocupantes.  El primero, la disminución del comercio de bienes, un hecho que sólo se había producido en los años 2009 y 2020 desde 1980. Hay quien quiere ver ya en ella los primeros efectos de las políticas de protección puestas en marcha por EE.UU y otros países. Es sin embargo pronto para apreciar ese tipo de efectos, nunca sencillos de detectar a corto plazo. Sin embargo, lo que ocurra en 2024 podría ser más esclarecedor al respecto, pues las previsiones de la OMC son de un significativo aumento del comercio de bienes (2,6 por 100), de acuerdo con la evolución esperada del PIB y la normalización de las importaciones en algunas áreas, como Asia. No obstante, los datos fragmentarios hasta ahora conocidos no acaban de avalar por completo esa expectativa tan favorable para 2024, aún cuando ésta parece verse refrendada por la reciente revisión al alza de la previsión de crecimiento del PIB, tanto por el FMI, como por la OCE, que la situan en el 3,2 por 100, la misma cifra que en 2023.

La reducción experimentada por el comercio mundial, de un 1,2 por 100,  se explica sobre todo por el comportamiento de Europa, que contribuyó a reducir en 1,7 puntos porcentuales la tasa mundial de aumento de las importaciones y en un 1 por 100 la de las exportaciones. El bajo crecimiento económico de esta área junto a costes más elevados de la energía serían las principales claves en esta evolución (OMC, 2024). Las cifras de la Unión Europea correspondientes al primer trimestre de 2024 muestran ya una mejoría esperanzadora. Cuando se corrigen de efectos de calendario y estacionalidad y se expresan en valores corrientes, las exportaciones aumentaron un 0,3 por 100 (0,5 por 100 para la Eurozona), con una leve reducción del comercio intracomunitario, del 0,2 por 100 (Eurostat, 2024).  Esta evolución resulta coherente con la mejora de la situación de la Eurozona,  cuyo PIB real se incrementó en un 0,5 por 100 con respecto al año anterior en el trimestre considerado.

España también registró  en 2023 en una reducción de su comercio de bienes, de un 1,6 por 100, según las Cuentas Nacionales, un descenso ligeramente superior al mundial también sorprendente por cuanto no ha sido frecuente (desde 1965, las exportaciones españolas de bienes sólo se han reducido en términos reales en 1986, 2005, 2008 y 2009 y 2020). La explicación de esta evolución se encuentra sobre todo en la atonía de las economías del área euro. De hecho, existe de una correlación negativa por sectores entre la proporción de las ventas exteriores que se dirige a la eurozona y el aumento de las exportaciones en 2023 (Álvarez Ondina, 2024). No obstante, también disminuyeron las exportaciones a América Latina, Asia y África, lo que permite pensar que influyeron otros factores, como la carestía de la energía en los primeros meses de 2023, que habría afectado a los sectores mas intensivos en su consumo (Martín Machuca, 2023) y la normalización de los flujos sectoriales, con ascenso de aquellos más retrasados en la recuperación pospandemia (automóviles y bienes de equipo), algo paralelo a lo ocurrido con los servicios, y especialmente con el turismo, y descenso de algunos otros que aumentaron mucho por razones coyunturales en 2022, como las vacunas covid y la energía (Secretaría de Estado de Comercio, 2024).

Aunque esta negativa evolución del comercio exterior español de bienes pareció comenzar a corregirse en el cuarto trimestre de 2023 (Banco de España, 2024), se ha vuelto a afirmar desde entonces. Sin embargo, ello ha coincidido con un apreciable crecimiento de la industria manufacturera española, la que más contribuye a nuestras ventas exteriores. Según la CNE, el valor añadido de ésta se expandió a una tasa real del 3,3 por 100 en 2022, superior a la del PIB (2,5 por 100), y mantuvo ese mismo ritmo de avance en el primer trimeste de 2024. Este apreciable incremento de la producción es un indicador de que la reducción de las exportaciones no parece reflejar problemas especiales de competitividad en la industria y permite esperar un comportamiento mejor de ellas en los próximos meses.

El segundo rasgo preocupante al que se ha aludido, al examinar la evolución de la economía internacional durante 2023, consiste en el cambio de la posición de los países en desarrollo con respecto a los flujos financieros mundiales. Como muestra el gráfico adjunto, la retirada de flujos provenientes de los países desarrollados y de China, unida al ascenso en las cifras del servicio de la deuda, como consecuencia de los mayores tipos de interés, han hecho que los países en desarrollo se hayan convertido en donantes netos de fondos al resto del mundo, algo en extremo preocupante. En 2023, hubo veintidós países con flujos de fondos negativos (mayores salidas que entradas), y se espera que su número ascienda a cuarenta y cuatro en 2025 (One, 2024). Como puede observarse en el grafico señalado, la tendencia a la reducción de los flujos netos de fondos dirigidos a los países menos desarrollados ha sido descendente durante la última década, sobre todo por la retirada de los fondos privados,  y más recientemente, pero desde antes ya de la pandemia, de los fondos provenientes de China.  Los fondos multilaterales aumentaron su volumen de forma apreciable con la pandemia pero también han remitido ligeramente desde entonces, mientras se incrementaba el pago de los intereses que devengan. La retirada de los fondos privados y el estancamiento de los multilaterales son factores que podrían contribuir a la fragmentación de la economía mundial, limitando el apoyo que los países en desarrollo ofrecen a los los países desarrollados en sus estrategias geopolíticas, como las sanciones a Rusia por la invasión de Ucrania (Bradé y Tibeghien, 2024).

La situación de los países menos desarrollados se vuelve aún más delicada si se tiene en cuenta que están siendo marginados por los nuevos proyectos de inversión internacional, la mayor parte de ellos aún no materializados. Según la UNCTAD, en los años 2020-2023, los países de baja y media renta per cápita han absorbido el 31% de los proyectos greenfield de inversión directa, cuando en los años 2005-2007 absorbieron el 41%, porcentaje que aún ascendió al 38% en el período 2016-2019 (UNCTAD, 2024).

Referencias

Álvarez Ondina, P, 2024. “¿Qué sectores están sufriendo más en España por el enfriamento de nuestros socios comerciales?”, CaixaBank Research, Observatorio Sectorial, 11 de mayo.

Badré, B. y Tiberghien, Y. (2024). “The global economy is more vulnerable than it seems”, Project Syndicate, 20 de mayo.

Banco de España (2024). “Informe trimestral sobre la economía española”. Boletín Económico 2024 T1.

Eurostat (2024). Euro-indicators, 21 de mayo. https://ec.europa.eu/eurostat/en/web/products-euro-indicators/w/6-21052024-AP?prm=ep-app#fragment-15944082-grio-inline-nav-1

Martín Machuca, C. (2023). “El comportamiento reciente de las exportaciones de bienes. Algunos factores explicativos”, Boletín Económico, T3, Banco de España.

OMC (2024). Perspectivas del comercio mundial y estadísticas, abril.

Secretaría de Estado de Conercio (2024). Informe mensual del comercio exterior, marzo.

UNCTAD (2024). Global economic fracturing and shifting investment patterns, 23 de abril.

 

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