Por Leticia Blázquez, Carmen Díaz-Mora y Belen González-Díaz (Universidad de Castilla-La Mancha)

 

En el último Informe sobre el comercio mundial 2023 publicado por la OMC se ha acuñado un nuevo término: la reglobalización, entendida como la integración de un mayor número de países en la economía mundial, creando mercados más profundos y diversificados y, por lo tanto, menos vulnerables a los shocks. El nuevo concepto se plantea como contestación a la quiebra del multilateralismo instaurado tras la Segunda Guerra Mundial que se viene observando en las últimas décadas. Esta fractura ha cristalizado en una proliferación de medidas comerciales unilaterales por parte de un gran número de países, entre ellos, grandes potencias económicas como China o Estados Unidos, que están reforzando sus capacidades internas y apostando por la independencia exterior en lugar de por la interdependencia. Esta fragmentación de la economía mundial puede incluso acelerase en un contexto tan desafiante como el que estamos viviendo actualmente, con conflictos de gran calado estratégico en Ucrania y Oriente Próximo, la fricción entre Estados Unidos y China y el posible regreso de Trump a la Casa Blanca. Acontecimientos, todos ellos, con una fuerte repercusión geoestratégica en un indudable impacto en el comercio internacional.

Ante esta realidad, cabe preguntarse cuál es el papel de la Unión Europea (UE) en este complejo tablero y qué política comercial está adoptando para afrontar estos retos. Los datos nos revelan al área como una protagonista incuestionable. En el comercio de bienes, suma casi un tercio del total mundial, siendo el segundo exportador del mundo, por detrás de China. En el de servicios, lidera las exportaciones, con una cuota casi del 50%, superando a Estados Unidos. Pero, además, si nos alejamos de la foto fija y observamos las tendencias de los últimos años, vemos que su senda presenta una evolución diferente a la del comercio mundial y también a la descrita por Estados Unidos y China (ver gráfico 1). Así, considerando el periodo de 2005 a 2021, se observa que, mientras el avance de la globalización en el mundo se frenaba tras la Gran Recesión para el comercio de bienes y crecía levemente para el de servicios, la UE mantenía su ascenso en las dos partidas, mostrándose especialmente vigoroso en el caso de los servicios. Y cuando la comparamos con los otros dos actores clave, lo que se observa es Estados Unidos muestra una evolución muy pareja a la del comercio mundial, mientras China ha disminuido en gran medida su comercio en bienes (en relación con su PIB), reduciéndose también su apertura en servicios. Por lo tanto, la UE está resistiendo mejor que otras áreas relevantes del mundo el proceso de slowbalización de los últimos años, apostando intensamente por el comercio de servicios, que sin duda mantendrá su progreso de la mano de las tecnologías digitales.

Gráfico 1: Apertura comercial en bienes y servicios (2005-2021)

(exportaciones más importaciones sobre el PIB, en %)

Fuente: Elaboración propia con datos de FMI, OCDE y Eurostat.

Más allá de la pura apertura comercial, otra forma de determinar el rol de la UE en el comercio internacional es a través su participación en las cadenas globales de valor, mecanismo impulsor de la globalización más exacerbada de los años 2000s, y también ralentizador de la misma en los últimos tiempos. Una forma de medir esta participación es calculando el peso que tiene el contenido foráneo (inputs importados) en las exportaciones de la UE. Y aquí, otra vez, vemos dos tendencias diferenciadas para bienes y servicios (ver gráfico 2). Para el total, este contenido promedio se ha mantenido invariable en torno al 30% desde el 2011 (estancamiento observado también en el conjunto del mundo), pero mientras que para los bienes muestra una tendencia descendente, para los servicios la línea es ascendente en la misma proporción (20% desde 2011). Por lo tanto, asistimos a un despegue de las importaciones de inputs de servicios que hace la UE para ser incorporados en sus exportaciones.

Gráfico 2: Contenido foráneo de las exportaciones de la UE-27, por sector de origen (1995-2020)

Fuente: Trade in Value Added, edición 2023 (OCDE) -datos extraídos en enero de 2024-.

 

En este punto, también es interesante preguntarse por la procedencia de esos inputs foráneos, saber de quién dependemos para que funcionen las cadenas de valor en las que participamos. Y aquí, una vez más, debemos distinguir entre inputs procedentes de bienes y de servicios, porque para los primeros, predominan los que proceden de fuera de la UE, si bien su peso ha disminuido en los últimos años, reduciéndose la diferencia con los inputs procedentes de otros países miembros de la UE. Con ello, la UE parece estar retrocediendo en su participación en las cadenas más globales, reequilibrándolo con su participación en cadenas regionales. No sucede esto para los inputs de servicios, en los que el componente extra e intracomunitario tiene un peso y una evolución más similar, lo que pone de manifiesto que las cadenas regionales y las globales comparten protagonismo.

 

Gráfico 3: Contenido foráneo de las exportaciones de la UE-27, por sector y área geográfica de origen (1995-2020)

Fuente: Trade in Value Added, edición 2023 (OCDE) -datos extraídos en enero de 2024-.

Estos pocos datos señalan a la UE como una pieza clave del comercio internacional, un papel que va a seguir desempeñando, sin duda, en los próximos años, en un escenario repleto de incertidumbres, no solo desde el punto de vista de la seguridad, sino también medioambientales, y que afectan de lleno al comercio internacional. Para hacerlas frente, la Comisión Europea se ha sumado, aunque con cierto de retraso, a otros países en los procesos de reformulación de sus políticas comerciales. Estas reformas giran en torno al concepto de la autonomía estratégica abierta, que no es más que la pretensión de disminuir su dependencia externa de productos considerados estratégicos para su economía, a la vez que mantiene un marco de cooperación internacional con sus socios comerciales. Esta conjugación de defensa de los intereses y valores de la UE y aprovechamiento de las ventajas que la globalización —la reglobalización— ofrece, supone un reto enorme. Para enfrentarlo, la UE está poniendo en marcha y diseñando varios instrumentos, que analizamos en un reciente artículo publicado en Papeles de Economía Española (Blazquez el al., 2023). Por un lado, está firmando en los últimos años numerosos acuerdos de nueva generación con distintos países y bloques comerciales. Estos acuerdos abarcan un mayor número de cuestiones que los acuerdos comerciales tradicionales, desde cláusulas referidas a la sostenibilidad medioambiental hasta convenios sobre la propiedad intelectual. En este sentido, es importante destacar que, aunque se han firmado acuerdos de este tipo con socios muy relevantes para la UE como Reino Unido, Suiza, Turquía, Japón o Singapur, todavía no se han podido concretar con otros socios importantes, entre ellos, China y Estados Unidos. Adicionalmente, está diseñando una serie de mecanismos, que se pueden englobar en tres grupos. El primer grupo trata de aumentar la capacidad de la UE de defender sus intereses y valores en sus relaciones comerciales. En este grupo estarían el instrumento de anti-coacción, el de contratación pública internacional, el reglamento sobre subvenciones extranjeras y el reglamento de aplicación actualizado para los litigios comerciales. El segundo grupo de herramientas persigue una globalización más justa y sostenible. En él estaría, por ejemplo, la diligencia debida de las empresas en materia de sostenibilidad. Y el tercer grupo pretendería objetivos medioambientales. En él se incluirían el mecanismo de ajuste en frontera por carbono y el reglamento de desforestación.

El diseño de estos mecanismos es harto complicado, pues en su aplicación se tiene que mantener el dificilísimo equilibrio entre la defensa los valores de la UE y la preservación de la competitividad de sus sectores productivos en los mercados nacionales e internacionales. Y para ello, la reciprocidad de las medidas con sus socios comerciales y los mecanismos de control son imprescindibles.

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