Por Alejandra Martínez (Universidad de Valencia), Silviano Esteve (Universidad de Valencia), Salvador Gil (Universidad de Valencia) y Rafael Llorca (Universidad de Valencia)

Cuando se habla de comercio internacional y cambio climático, la atención suele centrarse en cómo la globalización ha contribuido al aumento de las emisiones. Sin embargo, la causalidad también puede funcionar en el sentido contrario. Si el cambio climático modifica las condiciones de producción de las economías, cabe esperar que también influya alterando los patrones de comercio internacional.

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos extraídos de Climate Change Knowledge Portal-World Bank.

 

Este es precisamente el aspecto que se aborda en un reciente artículo publicado en The World Economy por los autores. En el mismo, se analiza si dos mecanismos económicos concretos (el consumo energético y la productividad laboral) contribuyen a explicar el impacto de cambio climático en el comercio internacional obtenido en un artículo previo. Los resultados sugieren que una parte importante de los efectos de la temperatura sobre el comercio internacional opera a través de cambios en la intensidad energética de las economías, un canal que hasta ahora había recibido escasa atención en la literatura.

En el último artículo mencionado se estima, a través de un modelo de gravedad estructural del comercio internacional, el impacto del incremento de las temperaturas y la ocurrencia de fenómenos extremos en el comercio internacional. En este tipo de modelos los coeficientes obtenidos hay que interpretarlos como el efecto de las variables de interés en el comercio internacional, pero (y esto es relevante) en relación al comercio doméstico. El análisis se hace para una muestra de 67 países a lo largo del periodo 1986-2016. Los resultados obtenidos muestran que, en general, el comercio internacional parece ser menos sensible a la evolución de las temperaturas que el comercio interno, mientras que los fenómenos meteorológicos extremos tienden a afectar con mayor intensidad a los flujos internacionales. En cualquier caso, los resultados varían considerablemente entre países y según el tipo de fenómeno extremo analizado. Al respecto, quedaba pendiente conocer los mecanismos que se esconden tras estos efectos. Esta pregunta se intenta responder a través del trabajo que aquí se comenta.

Existen varias razones para pensar que el clima puede afectar al comercio (internacional o doméstico). La primera de ellas tiene que ver con el consumo energético. Los sistemas energéticos son especialmente sensibles a las condiciones climáticas. Temperaturas más elevadas pueden, por ejemplo, alterar la eficiencia de las centrales eléctricas. Asimismo, fenómenos extremos como inundaciones o sequías pueden interrumpir la producción y distribución de energía. Por el lado de la demanda, la temperatura influye también de forma decisiva. En general, la demanda de electricidad aumenta tanto en períodos de frío como de calor intensos debido a las necesidades de calefacción y refrigeración, por lo que el impacto del calentamiento global dependerá de las características climáticas de cada región. Por otra parte, aunque muchos de los efectos sobre los sistemas energéticos son negativos, en algunos casos pueden producirse impactos favorables. Por ejemplo, el aumento de la radiación solar podría incrementar la generación fotovoltaica y determinados cambios en las precipitaciones y los caudales fluviales podrían favorecer la producción hidroeléctrica en algunas regiones. Además, otro de los motivos a través del cual el cambio climático puede afectar a los flujos de comercio está relacionado con la productividad laboral. Numerosos estudios han mostrado que el calor excesivo reduce el rendimiento de los trabajadores, especialmente en actividades intensivas en trabajo físico o desarrolladas al aire libre. Por otra parte, fenómenos extremos como inundaciones, sequias, etc…, pueden incidir sobre la fuerza laboral.

Desde la teoría del comercio internacional, estos canales son especialmente relevantes porque afectan directamente a los costes de producción de las empresas. Una menor productividad laboral o una mayor intensidad energética incrementan los costes y reducen la capacidad de las empresas para competir en los mercados exteriores y viceversa. Por ello, los efectos del cambio climático sobre el consumo de energía y la productividad constituyen mecanismos a través de los cuales las perturbaciones climáticas pueden traducirse en cambios en los flujos comerciales.

El primer paso de la investigación consistió en analizar si las variables climáticas (temperaturas y fenómenos extremos) afectan a la intensidad energética, medida como consumo de energía primaria por unidad de PIB, así como a la productividad laboral. Una vez identificadas estas relaciones, se examina si dichos cambios ayudan a explicar los efectos del clima sobre el comercio internacional previamente obtenidos en Martínez et al. (2023).

Los resultados de este análisis muestran que tanto las variaciones de temperatura como los fenómenos meteorológicos extremos afectan a la intensidad energética y a la productividad laboral. Más concretamente, se observa que las variaciones de temperatura modifican la intensidad energética de numerosos países. Lo interesante es que este efecto no es uniforme. En concreto, especialmente en varias economías europeas, el aumento de las temperaturas parece estar asociado a una reducción de la cantidad de energía necesaria para generar una unidad de producción. Al incorporar este mecanismo al análisis del comercio internacional, el hallazgo es un resultado especialmente llamativo. Buena parte de los efectos positivos que algunos países europeos experimentan sobre su comercio internacional (en relación al doméstico) como consecuencia del aumento de las temperaturas parece explicarse precisamente por esta mejora en el consumo energético. En otras palabras, el cambio climático no afecta únicamente a través de daños físicos o pérdidas de productividad, sino que también puede modificar la forma en que las economías utilizan la energía, alterando así sus costes relativos y su competitividad internacional. Este resultado es especialmente interesante porque pone de manifiesto un canal de transmisión que apenas había recibido atención en la literatura económica sobre comercio y cambio climático. Sin embargo, únicamente este canal energético parece contribuir a explicar el efecto de la temperatura sobre el comercio internacional ya que la productividad laboral no emerge como una variable significativa.

Por su parte, los efectos de los fenómenos extremos en el comercio internacional no se canalizan a través de su influencia sobre el sector energético o a la productividad del trabajo. Aunque estos eventos incrementan, en promedio y como era de esperar, la intensidad energética, por el contrario, también aparecen asociados a aumentos de la productividad laboral, un resultado que está fuertemente condicionado por el caso de China. La respuesta de este país ante la ocurrencia de fenómenos extremos, caracterizada por ingentes inversiones públicas en infraestructuras, podría ayudar a explicar este comportamiento contraintuitivo con reflejo en los flujos internacionales de comercio (siempre relativos al comercio doméstico).

Las conclusiones del trabajo tienen varias implicaciones relevantes. En primer lugar, muestran que comprender los efectos económicos del cambio climático exige prestar atención a los mecanismos intermedios. En segundo lugar, los resultados sugieren que las economías capaces de reducir su intensidad en el consumo energético (resultado, al menos en parte, por su ventaja climática de partida) pueden estar mejor preparadas para afrontar algunas de las perturbaciones derivadas del calentamiento global. Finalmente, el estudio refuerza una idea cada vez más presente en la literatura económica: el cambio climático no es únicamente un problema ambiental sino también un fenómeno que afecta a la productividad, la competitividad, y las relaciones económicas internacionales.

Deja un comentario