Por Guida Ayza Estopà (Université Libre de Bruxelles)

Esta entrada está basada en la presentación que hizo la autora en el XXVI Encuentro de Economía Aplicada celebrado en Santander y que fue galardonada con el Premio Joven Investigador Applied Economic Analysis.


 

En los últimos años, en la mayoría de los países de la Unión Europea, ha crecido significativamente el número de personas que se ven excluidas del mercado laboral durante largos periodos de tiempo por motivos de salud, recibiendo una prestación para suplir la falta de salario. Un estudio realizado por la OCDE muestra que el gasto público en estas prestaciones alcanza aproximadamente el 2% del PIB, de media, en estos de países. Esto sitúa a las prestaciones por incapacidad laboral por motivos de salud como una de las partidas más importantes de protección social, superando incluso a las prestaciones por desempleo en el conjunto de países.

Este creciente número de periodos largos de incapacidad laboral tiene un impacto negativo tanto para la sociedad en su conjunto como para los individuos. Desde el punto de vista colectivo, esto se traduce en un incremento de la necesidad de dedicar fondos públicos a cubrir todas estas prestaciones, lo cual pone en peligro la sostenibilidad de un sistema de protección social. Para el individuo, supone una caída en sus ingresos, lo que augmenta el riesgo de pobreza y exclusión social. Además, varios estudios señalan que la inactividad laboral tiene un impacto negativo en la satisfacción vital general.

Por estos motivos, varios países han empezado ya a aplicar políticas que ayuden a promover la reincorporación laboral de las personas que se encuentran en esta situación. Estas políticas pueden tomar distintas formas, desde programas de asesoramiento y acompañamiento hasta el hecho de permitir una reincorporación al empleo gradual, en la que el individuo puede seguir recibiendo la prestación a la vez que empieza a trabajar una jornada reducida.

El problema de las jornadas laborales reducidas es que implican también salarios reducidos, por lo que, financieramente, no resultaría atractivo abandonar una prestación social a cambio de un salario bajo. Si, por el contrario, se permite que estas personas sigan manteniendo su prestación social, además de este salario, se generan incentivos financieros a iniciar esta reincorporación gradual al trabajo.

Aunque el objetivo último de proporcionar incentivos financieros es promover una reincorporación laboral completa, sus efectos son bastante controvertidos. Por un lado, sabemos que una reincorporación gradual al trabajo acelera la recuperación de ciertas aptitudes laborales, facilitando la reintegración completa al trabajo (Kools & Koning, 2019). Pero, por otro lado, el hecho de recibir un salario por las horas trabajadas además de mantener la prestación social completa podría generar una situación demasiado cómoda, en la que los individuos quisieran quedarse más tiempo del necesario. Por tanto, esto podría tener el efecto contrario al deseado, desincentivando la completa reincorporación laboral.

Es por esto que el diseño de estos esquemas es tan crucial para su efectividad. Para entender mejor el papel de los incentivos financieros en este tipo de programas, se ha estudiado el caso de una política implementada en Bélgica: el Programa de Retorno al Trabajo Adaptado. Este programa permite a los individuos en baja laboral reincorporarse de manera gradual al trabajo y combinar los ingresos salariales con la prestación social. A medida que el salario percibido de este trabajo a tiempo parcial va aumentando, la prestación social va disminuyendo. Un porcentaje de cada euro recibido como salario se descuenta de la prestación social, y hay tres puntos específicos en los que este porcentaje cambia.

En este estudio, nos centramos en el mayor de estos cambios, que ocurre alrededor de los 25€ al día (equivalente a un salario de unos 650€ al mes). A partir de este punto, el porcentaje de descuento sobre la prestación social pasa del 20% al 50%. Es decir, hasta esos 25 euros diarios, por cada euro recibido de salario, la prestación social disminuye 20 céntimos; al superar los 25 euros, por cada euro extra recibido, la prestación disminuirá 50 céntimos. Este es un cambio significativo en los incentivos financieros del programa. Para analizar el impacto de este cambio, utilizamos una técnica econométrica llamada “diseño de regresión con quiebre”. Este método aprovecha el cambio de pendiente en el diseño de la política, permitiéndonos comparar el comportamiento de las personas a cada lado del punto de cambio.

Nuestro objetivo es determinar si unos incentivos financieros menores influyen en el tiempo que estas personas permanecen en este programa de reincorporación gradual al empleo. También investigamos si quienes abandonan estos programas debido a estos incentivos lo hacen para reintegrarse completamente al mercado laboral y dejar de depender de la prestación social, o si, por el contrario, esto les lleva a volver a depender exclusivamente de la prestación social dejando de participar en el mercado laboral. En un ejercicio de comprender mejor las diferentes opciones que cada individuo puede tomar, analizamos también cuales son los perfiles que reaccionan de cada manera y por qué.

Para realizar este análisis se parte de la información de todos los individuos que participaron en el programa de retorno al trabajo adaptado en el año 2013, proporcionados directamente por el INAMI, la institución pública en Bélgica encargada de implementarlo, lo que supone alrededor de 48.000 personas.

Los resultados del análisis muestran cómo, efectivamente, la tendencia a continuar en el programa a finales de año se vuelve negativa una vez el porcentaje de reducción aplicado aumenta (figura 1). En el eje horizontal del grafico se muestra el salario normalizado a 0 en el nivel en el que se aplica el cambio. El eje vertical indica la probabilidad de no abandonar el programa a finales de ese año.

Figura 1: Probabilidad de no abandonar el programa de retorno al trabajo en función del salario recibido

 

Este resultado era esperado: a menores incentivos financieros de permanecer en el programa, menor es la probabilidad de apalancarse en él. La siguiente pregunta que surge es: ¿Qué hacen estas personas después de abandonar este programa? La figura 2 muestra la estimación del impacto del aumento en la reducción de la prestación en la probabilidad de volver al trabajo (panel A) y en la probabilidad de volver a depender completamente de la prestación social, abandonando así cualquier actividad laboral (panel B). La figura muestra como la tendencia a reincorporarse al trabajo es mayor cuanto mayor es el salario y que  justo en el punto de cambio, esta relación positiva se intensifica. Esto indica que una reducción de los incentivos financieros incrementa la probabilidad de reincorporarse completamente al trabajo. A su vez, en el panel B, también se ve que la probabilidad de volver a un estado de baja por enfermedad completa disminuye al incrementar el salario, pero esto se atenúa al reducirse los incentivos financieros. Es decir, la probabilidad de abandonar el programa y volver a un estado de incapacidad laboral completa aumenta con respecto a la situación anterior.

Figura 2

En la representación gráfica es más difícil desentrañar cuál de las dos opciones muestra un impacto mayor. Sin embargo, el análisis econométrico nos indica que, un incremento del 1% en el salario justo después de cruzar el punto en el que la reducción aumenta, reduce en 5.9% la probabilidad de seguir en el programa a finales de año. Esto, a su vez, se traduce en un incremento del 1.3% en la probabilidad de volver al trabajo y del 3% en la probabilidad de volver a depender completamente de la prestación de incapacidad laboral por motivos de salud. Por lo tanto, se concluye que si bien la reducción de los incentivos financieros tiene cierto impacto positivo en la promoción de una reinserción laboral completa, genera un aumento en la probabilidad de inducir un retorno a una situación de discapacidad completa.

La tercera cuestión relevante hace referencia a los factores que determinan que un individuo, frente a una reducción de los incentivos financieros, opte por una u otra alternativa. Para abordar esta cuestión, se realiza un análisis de heterogeneidades para identificar los grupos de individuos que, con mayor probabilidad, responden a ese cambio en los incentivos o no, y si es así, tomen una decisión u otra. Los resultados indican que los hombres son más sensibles a los cambios en los incentivos que las mujeres, es decir, es más probable que abandonen el programa. Además, se observa que ambas decisiones muestran resultados estadísticamente significativos. En contraste, las mujeres parecen reaccionar al cambio principalmente optando por regresar a una baja laboral completa. También es más probable que reaccionen los trabajadores de cuello azul y quienes llevaban más de un año en baja laboral; en ambos casos, es más probable que vuelvan a la misma situación. Por último, se observa que quienes inicialmente se encontraban de baja laboral por motivos de salud mental, si abandonan el programa, tienden a volver a una baja laboral completa, mientras que en los casos de problemas musculoesqueléticos tienden a reincorporarse completamente al trabajo.

Aunque estos resultados solo se refieren a quienes estaban en ese programa, o más bien, de los que estaban alrededor del punto de cambio, en Bélgica en el año 2013, nos permiten entender mejor como los individuos en baja laboral reaccionan a diferentes incentivos financieros a la hora de decidir reincorporarse al mercado laboral. Es importante señalar que, los trabajadores de cuello azul, las personas que llevan más de un año fuera del mercado laboral, las mujeres y las personas con problemas de salud mental se enfrentan a mayores desafíos para reincorporarse al trabajo, y que el hecho de disminuir los incentivos financieros puede hacer que personas que ya ofrecían cierta fuerza de trabajo den un paso atrás en el camino a la reinserción laboral. Por otra parte, la reducción de los incentivos financieros puede llevar a retroceder en este camino a quienes estaban en proceso de reintegración laboral. Además, como otros estudios han señalado (Marie & Vall Castelló, 2023 aquí 4), una reintegración laboral prematura, motivada por incentivos o desincentivos financieros, podría aumentar la probabilidad de futuras recaídas o accidentes laborales.

 

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